miércoles, 4 de enero de 2017

¿CÓMO FUE QUE MONS. ROMERO LLEGÓ A SER SANTO? LAS DIFICULTADES DE SU PROCESO CANÓNICO



Por: Juan Vicente Chopin.

La positio super martyrio del arzobispo Mons. Romero es una de las más extensas que se conoce. Cuenta con 1,167 páginas y un anexo iconográfico[1]. Esa cantidad de páginas da fe de lo difícil que fue para la Iglesia aprobar su martirio y su consiguiente beatificación.

El Relator General de la causa, Vincenzo Criscuolo, describe el proceso como accidentado, caracterizado por interrupciones y pausas, por concesiones y suspensiones del nihil ostat y por otras decisiones dilatorias, resueltas al final con actitudes y decisiones plenamente positivas, subrayadas y claramente manifestadas en las intervenciones de los sumos pontífices Benedicto XVI y Francisco[2]. El Relator General adelanta la mano asesina que privó de su vida a Mons. Romero: «era el odio profundo de la represión oligárquica que armó la mano del asesino»[3]. Dicho positivamente, a O. A. Romero lo mataron por su amor a la justicia y por su profunda caridad hacia los más débiles. Su defensa de los derechos humanos no se inscribe simplemente en una conciencia social o humanitaria, sino que lo hace desde una postura eminentemente evangélica. La acusación de politización de sus acciones proviene de sus detractores, entiéndase, los que estaban en ese momento pisoteando los derechos de los salvadoreños y en concreto los derechos de los más pobres.

La historia de la causa de beatificación relativa a la declaración de martirio aplicada al Siervo de Dios Mons. Romero da inicio en 1993. Concretamente, el 24 de marzo de 1993, el postulador diocesano enviaba al arzobispo de San Salvador el Supplex libellus, es decir, la petición formal para poder dar inicio a la causa. Por su parte, la Congregación para la Doctrina de la Fe da su nihil obstat, el 9 de junio de 1993.

Desde sus inicios la causa tiene dificultades para avanzar. La Congregación para el Clero recomienda, el 1 de julio de 1993, que de iniciar con esa causa, se estudie atentamente la documentación relativa al caso que ellos poseen en dicha congregación. El 3 de julio de 1993, Monseñor Jean-Louis Tauran comunica que el Papa ha dado su nihil obstat para empezar la causa. El 10 de julio de 1993, la Congregación para los Obispos dictamina que parecía oportuno sobreseer la apertura de la causa por un cierto tiempo, con el fin de no abrir contenciosos que se vivían, según ellos, tanto en El Salvador, como en el área centroamericana. Sin embargo, el 13 de septiembre de 1993 la Secretaría de Estado, que había recibido notificaciones discordantes respecto de la apertura de la causa, informa que si el Papa ha dado ya su nihil obstat que sería el desenvolvimiento del proceso mismo el que pondría de manifiesto los problemas que pudieran afectar la figura de Mons. Romero. Así, el 22 de septiembre de 1993 llega el nihil obstat ex parte Sanctae Sedis. El decreto de inicio de la causa es del 24 de marzo de 1994. En cambio, la investigación diocesana acerca del martirio del Siervo de Dios se realiza entre el 24 de marzo de 1994 y el 1 de noviembre de 1995.

El 20 de noviembre de 1996 se nombró como Postulador de la causa a Monseñor Vincenzo Paglia. El 25 de noviembre de 1996 llega el Decreto de Apertura del Proceso diocesano sobre el martirio del Siervo de Dios Mons. Romero. 

El 26 de abril de 1997, la Congregación para el Clero, regida por Darío Castrillón Hoyos desde el 15 de junio de 1996, advierte a la Congregación para las Causas de los Santos que Mons. Romero era instrumentalizado, además se afirma que el padre jesuita Jon Sobrino y otras personas habían construido una personalidad ficticia del Siervo de Dios, imagen que habría sustituido a la persona real en los medios de comunicación. Y se hacía la petición explícita de  aplazar, al menos durante un largo período, la promoción de la causa. Probablemente estas observaciones obligaron a la Congregación para las Causas de los Santos a recomendar cautela en las investigaciones relativas al martirio formal y material del Siervo de Dios. En todo caso, el 4 de julio de 1997, el proceso diocesano recibía el decreto de validez. Así, el 10 de julio de 1997, el Congreso Ordinario de la Congregación para las Causas de los Santos deja la causa en manos del Relator, el padre Daniel Ols.

Cuando ya se estaba elaborando la Positio, el 3 de marzo de 1998, la Congregación para la Doctrina de la Fe escribe, con firma del entonces cardenal Joseph Ratzinger, a la Congregación para las Causas de los Santos, manifestando que había recibido documentación sobre Mons. Romero, que después de estudiarla, lo llevaba a la decisión de hacer un detallado estudio de las homilías del arzobispo Mons. Romero. De modo que no obstante el nihil obstat del 9 de junio de 1993 en lo tocante a de vita et de moribus (vida y costumbres), se invitaba al Dicasterio que lleva la causa  a suspender el iter de la causa de canonización hasta la conclusión de susodicho estudio.

Con esto, la espera se prolonga y once años después, el 15 de noviembre de 2004, el cardenal Joseph Ratzinger, escribe al cardenal José Saraiva Martins, entonces prefecto para la Congregación para las Causas de los Santos, diciendo que la Congregación para la Doctrina de la Fe, después de estudiar detenidamente la documentación, decide hacer entrar en un Dilata (dilatar, posponer) la causa de beatificación de Mons. Romero. El motivo es que no obstante se considera ortodoxa la expresión de la fe del arzobispo, todavía la visión del marxismo en sus acciones pastorales, producía perplejidad a la Congregación para la Doctrina de la Fe.

El tiempo se dilata y para el año 2005, el cardenal Joseph Ratzinger es elegido Papa y se mantuvo en el cargo hasta el 28 de febrero de 2013, fecha de su renuncia.  Siete años después de haber sido decretado el Dilata de la causa de Mons. Romero, el 1 de abril de 2011, el cardenal William Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, escribe al cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, tras finalizar la Sesión ordinaria de esa Congregación, le comunica lo siguiente: 1) En los escritos de Mons. Romero no se aprecian errores doctrinales. Pero se detectan ambigüedades, más allá de las intenciones del candidato, debidas a influencias del pensamiento marxista, en lo que toca el método de análisis social y a la terminología; 2) Se mantienen los riesgos de instrumentalización del pensamiento y la figura de Mons. Romero; 3) Se mantiene el nihil obstat en lo referente a de vita et moribus, pero se confirma también el Dilata de la causa. Finalmente, el escrito dice también que el Papa Benedicto XVI aprobaba las decisiones mencionadas.

La causa se reanuda. A propósito de la carta del cardenal William Levada, el postulador de la causa de Mons. Romero, informa al Papa Benedicto XVI que se está en el proceso de estudio acerca de las observaciones ventiladas por W. Levada, en lo que toca la doctrina y la prudencia del arzobispo salvadoreño. El Papa, haciendo recurso a la verdad en este caso —pro veritate— revoca el Dilata que tenía bloqueada la causa y considera que ha llegado el momento de reanudar el iter de la causa de canonización del Siervo de Dios. En este sentido y ya en las postrimerías de su pontificado, habla con Mons. Gerhard Ludwig Müller, que había sido electo recientemente como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Ahora bien, G. L. Müller es un prelado muy cercano al contexto latinoamericano y en algún momento visitó los lugares del martirio de Mons. Romero. Así, el 24 de abril de 2013 la Congregación para la Doctrina de la Fe revoca el anterior Dilata de la causa.

Sucede así un impulso decisivo y el 13 de marzo de 2013, un papa latinoamericano llegaba a ocupar la sede de Pedro. Este acontecimiento dará el impulso definitivo al proceso de canonización de Mons. Romero.


[1] Congregatio de Causis Sanctorum, Positio Super Martyrio Ansgarii Arnolfi Romero. Archiepiscopi Sancti Salvatoris in America in odium fidei, uti fertur, interfecti (24.III.1980), Tipografía Nova Res, Roma 2014. Aparece como relator general Vincenzo Criscuolo, como postulador Vincenzo Paglia y como colaborador Roberto Morozzo della Rocca.
[2] Ibídem., X.
[3] Ibídem., XI.

martes, 19 de julio de 2016

ASPECTOS PRÁCTICOS DE LA SEGUNDA LEY DE LA TERMODINÁMICA



La termodinámica es una ciencia natural fundamental que trata varios aspectos de la energía, e incluso las personas que no se dedican a la técnica poseen un conocimiento básico sobre la energía y la primera ley de la termodinámica, ya que difícilmente algún aspecto de la vida no involucra transferencia o transformación de energía en diferentes formas. Por ejemplo, todas las personas que hacen dietas basan su estilo de vida en el principio de la conservación de energía. Aunque se comprenden con rapidez los aspectos de la primera ley de la termodinámica y sean fácilmente aceptados por la mayoría de las personas, no hay un conocimiento generalizado sobre la segunda ley de la termodinámica, y de hecho no son del todo apreciados los aspectos de ésta incluso por las personas que poseen fundamentos técnicos. Esto ocasiona que algunos estudiantes vean la segunda ley como algo que es de interés teórico en lugar de una importante y práctica herramienta de ingeniería. Como resultado, los estudiantes muestran poco interés en el estudio detallado de la segunda ley de la termodinámica, lo cual es desafortunado para ellos porque terminan con una perspectiva unilateral acerca de la termodinámica y carecen de la visión completa y equilibrada sobre la misma.
Muchos sucesos ordinarios que pasan inadvertidos pueden servir como excelentes vehículos para comunicar conceptos importantes de la termodinámica. Se intenta demostrar la relevancia de los conceptos de la segunda ley como exergía, trabajo reversible, irreversibilidad y la eficiencia según la segunda ley en diversos aspectos de la vida diaria mediante ejemplos con los que incluso las personas sin fundamentos técnicos pueden identificarse. La esperanza es que se refuerce la comprensión y apreciación de la segunda ley y que se motive para usarla más frecuentemente tanto en áreas técnicas como no técnicas. Al lector crítico se le recuerda que los conceptos presentados posteriormente son moderados y difíciles de cuantificar, y que se incluyen aquí para estimular el interés en el estudio de la segunda ley de la termodinámica y reforzar la comprensión y apreciación acerca de esta ley.
Los conceptos de la segunda ley se usan implícitamente en varios aspectos de la vida diaria, y muchas personas exitosas parecen hacer uso extenso de éstos aun sin comprenderlos. Además, hay un creciente reconocimiento de que la calidad juega un papel tan importante como la cantidad en las actividades diarias ordinarias. El siguiente párrafo apareció en un artículo de la Reno Gazette-Journal, el 3 de marzo de 1991:
El Dr. Held se considera un sobreviviente de la conspiración del tictac. Aproximadamente hace cuatro años, en una fecha cercana a su cumpleaños número 40, él trabajaba tarde con jornadas de 21 horas diarias, laborando fuera, cuidando de sus tres niños y practicando deportes. Dormía aproximadamente entre cuatro y cinco horas durante la noche. . . “Actualmente me voy a la cama a las 9:30 y me levanto a las 6”, afirma Held. “Hago el doble de lo que antes solía hacer. No tengo que hacer las cosas dos veces o leer tres veces algo antes de entenderlo.”

Esta declaración tiene una fuerte relevancia en el análisis de la segunda ley, ya que indica que el problema no es cuánto tiempo tenemos (primera ley), sino más bien qué tan eficazmente lo usamos (segunda ley). Que una persona consiga hacer más en menos tiempo no es diferente que un automóvil recorra más kilómetros con menos combustible.
En la termodinámica, el trabajo reversible para un proceso es definido como la salida máxima de trabajo útil (o la entrada mínima de trabajo) para ese proceso. Esto significa el trabajo útil que un sistema puede entregar (o consumir) durante un proceso entre dos estados especificados si ese proceso se ejecuta en una manera reversible (perfecta). La diferencia entre los trabajos reversible y útil real se debe a las imperfecciones, tal diferencia se denomina irreversibilidad (el potencial de trabajo desperdiciado). Para el caso especial del estado final correspondiente al estado muerto o al de los alrededores, el trabajo reversible se vuelve un máximo y se llama exergía del sistema en el estado inicial. La irreversibilidad para un proceso reversible o perfecto es cero.
En la vida diaria puede verse la exergía de una persona como el mejor trabajo que la persona puede realizar bajo las condiciones más favorables. El trabajo reversible en la vida diaria, por otro lado, puede verse como el mejor trabajo que una persona puede hacer bajo algunas condiciones especificadas. Entonces, la diferencia entre el trabajo reversible y el trabajo real llevado a cabo bajo esas condiciones puede verse como irreversibilidad o exergía destruida. En sistemas técnicos, se intenta identificar las fuentes con mayores irreversibilidades para minimizarlas y así maximizar el desempeño. En la vida cotidiana una persona debe hacer exactamente lo mismo para aumentar al máximo su desempeño.
La exergía de una persona en un momento y un lugar dados pueden ser vistos como la cantidad máxima de trabajo que pueden hacer en ese tiempo y lugar. La exergía es ciertamente difícil de cuantificar debido a la interdependencia de capacidades físicas e intelectuales de una persona. La habilidad de realizar tareas físicas e intelectuales simultáneamente incluso complica aún más las cosas. Obviamente la educación y la capacitación aumentan la exergía de una persona, mientras que el envejecimiento disminuye la exergía física. A diferencia de la mayor parte de las cosas mecánicas, la exergía de los seres humanos es una función de tiempo, por lo que la exergía física y/o intelectual de una persona se desperdiciará si no se utiliza en el momento adecuado. Un barril de petróleo no pierde nada de su exergía si se deja almacenado durante 40 años, pero una persona perderá mucha de su exergía total durante ese periodo si él o ella permanecen inmóviles.
Por ejemplo, un granjero que trabaje adecuadamente puede hacer uso total de su exergía física pero utilizar muy poco su exergía intelectual; por lo tanto, podría aprender un idioma extranjero o una ciencia escuchando algunos CD educativos al mismo tiempo que realiza su trabajo físico. Esto también se cumple para las personas que pasan un tiempo considerable en el automóvil al trasladarse a su trabajo. Se espera que algún día podamos hacer el análisis de la exergía para las personas y sus actividades, lo cual indicará a la gente la manera de minimizar su destrucción de exergía y conseguir hacer más en menos tiempo. Las microcomputadoras pueden realizar varias tareas a la vez, ¿por qué los seres humanos no son capaces de hacer lo mismo?
Los niños nacen con diferentes niveles de exergía (talentos) en diferentes áreas. Aplicarles exámenes de aptitud profesional en una edad temprana es simplemente un esfuerzo para descubrir la magnitud de sus “exergías”, o talentos ocultos. Entonces los niños se orientan hacia áreas en las que tienen mayor exergía. Una vez como adultos, es más probable que se desempeñen en niveles altos sin forzar sus posibilidades más allá de los límites si se adaptan naturalmente en esas áreas.
Es posible comparar el nivel de agudeza de una persona con su exergía en las tareas intelectuales. Cuando una persona descansa bien, el grado de agudeza, y por ende su exergía intelectual, está en un límite máximo y esta exergía disminuye con el tiempo cuando la persona se cansa, como se ilustra en la figura 8-49. Las diferentes tareas cotidianas requieren distintos niveles de exergía intelectual, de ahí que la diferencia entre la agudeza disponible y la requerida pueda considerarse como la agudeza desperdiciada o destrucción de exergía. Para minimizar esta destrucción de exergía debe haber un estrecho vínculo entre la agudeza disponible y la requerida.



Considere a un estudiante bien descansado que planea utilizar las próximas 4 horas para estudiar y ver una película que dura 2 horas. Desde el punto de vista de la primera ley, no hay diferencia en el orden en que se realizarán estas tareas, pero desde el punto de vista de la segunda ley representa mucha diferencia. De estas dos tareas, estudiar requiere más agudeza intelectual que la que se necesita para ver una película, por lo que tiene sentido termodinámico estudiar primero, cuando la agudeza es alta, y ver la película después, cuando la agudeza es menor, como se muestra en la figura. Un estudiante que realiza estas actividades de manera inversa desperdiciará una gran cantidad de agudeza viendo la película, como se ilustra en la figura 8-49, y tendrá que repasar más al estudiar debido a la insuficiente agudeza, por lo que conseguirá hacer menos en el mismo lapso.
En termodinámica, la eficiencia según la primera ley (o eficiencia térmica) de una máquina térmica se define como la relación entre la salida de trabajo neta y la entrada de calor total. Es decir, es la fracción del calor suministrado que se convierte en trabajo neto. En general, la eficiencia según la primera ley puede considerarse como la razón entre la salida deseada y la entrada requerida. La eficiencia según la primera ley no hace referencia al mejor desempeño posible y en consecuencia esta eficiencia por sí sola no es una medida realista del desempeño. Para superar esta deficiencia se define la eficiencia según la segunda ley, la cual es una medida del desempeño real relativo al mejor desempeño posible bajo las mismas condiciones. Para máquinas térmicas, la eficiencia según la segunda ley se define como la relación entre la eficiencia térmica real y la máxima eficiencia térmica posible (reversible) en las mismas condiciones.
En la vida diaria la eficiencia según la primera ley o el desempeño de una persona puede considerarse como el logro de esa persona en relación con el esfuerzo que dedica. Por otro lado, la eficiencia según la segunda ley de una persona es el desempeño de ésta en relación con su mejor desempeño posible de acuerdo con las circunstancias.
La felicidad se relaciona estrechamente con la eficiencia según la segunda ley. Los niños pequeños son probablemente los seres humanos más felices porque si se consideran sus limitadas capacidades, es poco lo que pueden hacer, aunque lo hacen bastante bien. Los niños tienen eficiencias según la segunda ley muy altas en su vida diaria. El término “vida plena” también se refiere a la eficiencia según la segunda ley. Se considera que una persona tiene vida plena, y por lo tanto una eficiencia según la segunda ley muy alta, si ha utilizado todas sus habilidades hasta el límite a lo largo de su vida.
Incluso una persona discapacitada tendrá que dedicar un esfuerzo considerable para lograr lo que una persona normal consigue, aun cuando logre menos con mayor esfuerzo, pero seguramente con un desempeño impresionante logrará más elogios. Así, es posible afirmar que esta persona discapacitada tuvo una baja eficiencia según la primera ley (logró poco con un gran esfuerzo) pero una muy alta eficiencia según la segunda ley (logró tanto como es posible de acuerdo con las circunstancias).
En la vida diaria la exergía puede considerarse también como las oportunidades que tenemos, mientras que la destrucción de exergía como las oportunidades desperdiciadas. El tiempo es el máximo activo, y el tiempo desperdiciado es la oportunidad desperdiciada para hacer algo útil (Fig. 8-50).

La segunda ley de la termodinámica tiene también interesantes ramificaciones filosóficas. La masa y la energía son cantidades conservadas, y están relacionadas con la primera ley de la termodinámica, mientras que la entropía y la exergía son cantidades no conservadas, y están relacionadas con la segunda ley. El universo que percibimos por nuestros cinco sentidos consiste en cantidades conservadas, y por lo tanto tendemos a considerar las cantidades no conservadas como si no fueran reales, e incluso fuera de este universo. La teoría del “big bang”, ampliamente aceptada, acerca del origen del universo, hizo surgir la idea de que éste es un universo totalmente material, y de que todo está hecho de materia (o más correctamente, de masa-energía). Como las cantidades conservadas, la masa y la energía, encajan en la descripción de cantidades verdaderamente físicas, pero la entropía y la exergía no encajan, ya que la entropía se puede crear, y la exergía se puede destruir. Así, la entropía y la exergía no son verdaderamente cantidades físicas, aunque están estrechamente relacionadas con las cantidades físicas de masa y energía. Por lo tanto, la segunda ley trata de cantidades que pertenecen a una clase diferente de existencia —un universo en el que las cosas comienzan a existir a partir de nada, y salen de la existencia a la nada—, y abre un universo que está más allá del universo conservado, totalmente material, que conocemos.
Un argumento similar se puede dar para las leyes de la naturaleza que gobiernan la materia. No hay duda de que tanto la primera ley de la termodiná- mica como la segunda existen, y éstas y otras leyes como las leyes de Newton sobre el movimiento gobiernan el universo físico tras bambalinas. Como lo expresa Alfred Montapert, “Las leyes de la naturaleza son el gobierno invisible de la Tierra”. Albert Einstein expresa este fenómeno así: “Hay un espíritu manifiesto en las leyes del universo”. Con todo, estas leyes que constituyen el núcleo de las ciencias, no se pueden percibir con nuestros cinco sentidos, y no tienen existencia material, y por lo tanto, no están sujetas a las limitaciones del tiempo y el espacio. Como tales, las leyes que parecen haberse infundido en toda la materia como un espíritu gobiernan en todas partes, pero no están en ninguna parte. Parece que cantidades como entropía y exergía que comienzan a existir a partir de la nada y salen de la existencia a la nada junto con las leyes de la naturaleza como la primera ley y la segunda ley que gobiernan el universo del “big bang” con una mano invisible y poderosa, están señalando el camino para una definición ampliada de la existencia que esté más en línea con los fenómenos percibidos y observados.
Los argumentos presentados en esta sección son de naturaleza exploratoria, se espera que den pie a algunas interesantes discusiones e investigaciones que puedan conducir a un mejor entendimiento acerca del desempeño en diversos aspectos de la vida cotidiana. Con el tiempo la segunda ley podría emplearse para determinar cuantitativamente la manera más efectiva de mejorar la calidad de vida y el desempeño cotidiano, del mismo modo que se emplea en el presente para mejorar la realización de los sistemas técnicos.

viernes, 8 de julio de 2016

CATEQUESIS N. 1: «MISERICORDIOSOS COMO EL PADRE»



Por: Juan Vicente Chopin


1.   Enfoque
La misión es un acto de misericordia. Esto es así por una razón teológica, que no hemos sido nosotros los que amamos primero a Dios, sino que él nos amó y nos envió a su Hijo (cf. 1Jn 4,10). En todo acto misionero hay una prioridad de Dios respecto de los actos humanos. A eso se refiere el Papa Francisco cuando afirma que: «En cualquier forma de evangelización el primado es siempre de Dios» (Evangelii Gaudium, 12).
Ahora bien, nosotros hemos tenido acceso a ese amor misericordioso de Dios, en primer lugar, en el acto creador, pero sobre todo, en el acto redentor, en cuanto, «Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre» (Misericordiae Vultus, 1). Tenemos acceso a la misericordia del Padre en la caridad del Hijo. Como nos dice el Papa en su mensaje: «La manifestación más alta y consumada de la misericordia se encuentra en el Verbo encarnado» (Mensaje).
Por consiguiente, lo que nosotros vivimos en la actualidad y que sostiene nuestro testimonio en la historia es el amor misericordioso del Padre, revelado en Jesucristo. Se trata de un Dios cercano a todo el género humano, pero en particular de los pobres: él «se implica con ternura en la realidad humana del mismo modo que lo haría un padre y una madre con sus hijos» (Mensaje).
Finalmente, el Espíritu Santo continúa en la historia de la humanidad sosteniendo y haciendo presente en nosotros el amor del Padre, de tal suerte que las personas con quienes nos encontramos puedan también ver en nuestros actos ese amor con el cual hemos sido redimidos. A tal punto que si nosotros conocimos el amor de Dios por la «salida» de Dios en el Hijo, asimismo, la Iglesia sigue ese mismo dinamismo de salida y va al encuentro de los hombres ejerciendo «un diálogo respetuoso con todas las culturas y convicciones religiosas» (Mensaje).

2.   Escuchemos al Papa
Ahora meditemos dos textos del magisterio del Papa Francisco para profundizar nuestra misión en la historia:

De la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, n. 12:
Si bien esta misión nos reclama una entrega generosa, sería un error entenderla como una heroica tarea personal, ya que la obra es ante todo de Él, más allá de lo que podamos descubrir y entender. Jesús es «el primero y el más grande evangelizador»[Evangelii Nuntiandi, 7]. En cualquier forma de evangelización el primado es siempre de Dios, que quiso llamarnos a colaborar con Él e impulsarnos con la fuerza de su Espíritu. La verdadera novedad es la que Dios mismo misteriosamente quiere producir, la que Él inspira, la que Él provoca, la que Él orienta y acompaña de mil maneras. En toda la vida de la Iglesia debe manifestarse siempre que la iniciativa es de Dios, que «Él nos amó primero» (1 Jn 4,19) y que «es Dios quien hace crecer» (1 Co 3,7). Esta convicción nos permite conservar la alegría en medio de una tarea tan exigente y desafiante que toma nuestra vida por entero. Nos pide todo, pero al mismo tiempo nos ofrece todo.

Del Mensaje del Domund 2016:
La misericordia hace que el corazón del Padre sienta una profunda alegría cada vez que encuentra a una criatura humana; desde el principio, él se dirige también con amor a las más frágiles, porque su grandeza y su poder se ponen de manifiesto precisamente en su capacidad de identificarse con los pequeños, los descartados, los oprimidos (cf. Dt 4,31; Sal 86,15; 103,8; 111,4). Él es el Dios bondadoso, atento, fiel; se acerca a quien pasa necesidad para estar cerca de todos, especialmente de los pobres; se implica con ternura en la realidad humana del mismo modo que lo haría un padre y una madre con sus hijos (cf. Jr 31,20). El término usado por la Biblia para referirse a la misericordia remite al seno materno: es decir, al amor de una madre a sus hijos, esos hijos que siempre amará, en cualquier circunstancia y pase lo que pase, porque son el fruto de su vientre. Este es también un aspecto esencial del amor que Dios tiene a todos sus hijos, especialmente a los miembros del pueblo que ha engendrado y que quiere criar y educar: en sus entrañas, se conmueve y se estremece de compasión ante su fragilidad e infidelidad (cf. Os 11,8). Y, sin embargo, él es misericordioso con todos, ama a todos los pueblos y es cariñoso con todas las criaturas (cf. Sal 144.8-9).

3.   La misión compartida
El Papa Francisco ha querido que el Domund sea contextualizado en el Jubileo de la misericordia, cuyo lema principal es Misericordiosos como el Padre, en el modo como lo entiende el evangelista Lucas: «Sed misericordiosos, como el Padre vuestro es misericordioso» (Lc 6,36).
De tal manera que si el punto de partida de la misión puede ser visto a partir de un imperativo, así también  y con el mismo grado de importancia, la misión tiene sentido solo si se realiza bajo el imperativo de la misericordia.
La perspectiva jubilar en que enmarca el Papa la celebración del Domund de este año puede resumirse con sus palabras:
«Derrumbadas las murallas que por mucho tiempo habían recluido la Iglesia en una ciudadela privilegiada, había llegado el tiempo de anunciar el Evangelio de un modo nuevo. Una nueva etapa en la evangelización de siempre. Un nuevo compromiso para todos los cristianos de testimoniar con mayor entusiasmo y convicción la propia fe. La Iglesia sentía la responsabilidad de ser en el mundo signo vivo del amor del Padre» (Misericordiae Vultus, 4).

Pautas para el diálogo:

a)    Si la misericordia de Dios es el punto de partida de la misión: ¿qué aspectos de nuestra  vida personal y social hacen que relativicemos este principio constitutivo de la misión?
b)    El Mensaje del Papa dice de Dios que «Él es el Dios bondadoso, atento, fiel; se acerca a quien pasa necesidad para estar cerca de todos, especialmente de los pobres». ¿Qué puesto tienen los pobres en el proceso evangelizador de nuestra comunidad? ¿Son los protagonistas o son solo meros destinatarios?
c)  ¿Qué propósitos y qué acciones hay que tomar para que la misericordia sea efectivamente aquello que sostenga la actividad misionera de la Iglesia?

CATEQUESIS N. 2: «YO Y MI FAMILIA SERVIREMOS A YAHVEH»



Por: Juan Vicente Chopin.


1.   Enfoque
La familia cristiana es esencial en el proceso evangelizador. Este es un dato que está ampliamente sustentado en la Sagrada Escritura y en la Tradición de la Iglesia. El mismo Jesucristo quiso tener una familia para dar inicio a su misión. Y el Papa Francisco, últimamente, ha llegado a dar a la familia una fundamentación teológica al afirmar que: «El Dios Trinidad es comunión de amor, y la familia es su reflejo viviente»; de manera que «La familia no es pues algo ajeno a la misma esencia divina» (Amoris Laetitia).
Pero, además, al interno de un contexto familiar, las mujeres han jugado un papel decisivo a la hora de llevar adelante la obra redentora. Los Evangelios y varios textos del Antiguo Testamento dan cuenta de la centralidad que tiene el ejemplo y la labor educativa ejercida por las mujeres.
La misión de Jesús inicia en el seno de una familia. Los Evangelios sustentan que Jesús es hijo de María, quien estaba esposada con un hombre «justo» llamado José (cfr. Mt 1,18.19; Lc 1,26; 2,4-5).
Ahora bien, la familia de Jesús, como todas las de su tiempo, estaba sujeta tanto a los preceptos de la religión, como a las leyes civiles. Jesús se somete a la circuncisión: «Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno» (Lc 2,21). Dice este mismo Evangelio que «sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua» (Lc 2,41). También se dice que, siguiendo las prescripciones de la Ley, Jesús, el primogénito, fue presentado al Señor (Lc 2,22-24). Es comprensible entonces que Jesús siguiera las normas religiosas que veía practicar a sus padres.
Los Evangelios también reportan que la familia de Jesús era respetuosa de la ley civil. Así se dice que cuando salió el edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo, José subió con María desde Galilea a Belén para hacer el trámite; para entonces María estaba en cinta de Jesús (cfr. Lc 2,1-5).
Finalmente, hay que resaltar el papel protagónico de las mujeres en esta etapa. María, la madre de Jesús, no escatima esfuerzos en cuidar a su prima Isabel, que está en cinta de Juan el Bautista. La descripción que hace el texto bíblico pone de manifiesto la diligencia de la Madre de Jesús: «En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá» (Lc 1,39). Y no es una visita rápida, dice el texto que se quedó «unos tres meses» (Lc 1,56) cuidando a su prima. Ambas mujeres, María e Isabel, son exaltadas en los inicios del relato evangélico por el papel de educadoras respecto de sus hijos. Así, de Jesús se dice que «crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres». Algo parecido se dice de el Bautista: «El niño crecía y su espíritu se fortalecía» (Lc 1,80). Ambos textos nos ayudan a comprender que la educación de un hijo o una hija no es fruto de la casualidad, y que en ese proceso juega un papel decisivo el contexto familiar y el ejemplo de los padres de familia.

2.   Escuchar al Papa
También el Papa está consciente de la importancia de cuidar el ambiente familiar como condición para una efectiva evangelización, por ello conviene detenerse en una parte de su mensaje del Domund 2016:
Muchos hombres y mujeres de toda edad y condición son testigos de este amor de misericordia, como al comienzo de la experiencia eclesial. La considerable y creciente presencia de la mujer en el mundo misionero, junto a la masculina, es un signo elocuente del amor materno de Dios. Las mujeres, laicas o religiosas, y en la actualidad también muchas familias, viven su vocación misionera de diversas maneras: desde el anuncio directo del Evangelio al servicio de caridad. Junto a la labor evangelizadora y sacramental de los misioneros, las mujeres y las familias comprenden mejor a menudo los problemas de la gente y saben afrontarlos de una manera adecuada y a veces inédita: en el cuidado de la vida, poniendo más interés en las personas que en las estructuras y empleando todos los recursos humanos y espirituales para favorecer la armonía, las relaciones, la paz, la solidaridad, el diálogo, la colaboración y la fraternidad, ya sea en el ámbito de las relaciones personales o en el más grande de la vida social y cultural; y de modo especial en la atención a los pobres.

También el Papa habla de la familia en su Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris Laetitia, n. 35:
Los cristianos no podemos renunciar a proponer el matrimonio con el fin de no contradecir la sensibilidad actual, para estar a la moda, o por sentimientos de inferioridad frente al descalabro moral y humano. Estaríamos privando al mundo de los valores que podemos y debemos aportar. Es verdad que no tiene sentido quedarnos en una denuncia retórica de los males actuales, como si con eso pudiéramos cambiar algo. Tampoco sirve pretender imponer normas por la fuerza de la autoridad. Nos cabe un esfuerzo más responsable y generoso, que consiste en presentar las razones y las motivaciones para optar por el matrimonio y la familia, de manera que las personas estén mejor dispuestas a responder a la gracia que Dios les ofrece.
Un documento muy bien conocido por el Papa y muy cercano a nosotros es el documento de Aparecida, en el n. 302 leemos:
La familia, “patrimonio de la humanidad”, constituye uno de los tesoros más valiosos de los pueblos latinoamericanos. Ella ha sido y es espacio y escuela de comunión, fuente de valores humanos y cívicos, hogar en el que la vida humana nace y se acoge generosa y responsablemente. Para que la familia sea “escuela de la fe” y pueda ayudar a los padres a ser los primeros catequistas de sus hijos, la pastoral familiar debe ofrecer espacios formativos, materiales catequéticos, momentos celebrativos, que le permitan cumplir su misión educativa. La familia está llamada a introducir a los hijos en el camino de la iniciación cristiana. La familia, pequeña Iglesia, debe ser, junto con la Parroquia, el primer lugar para la iniciación cristiana de los niños. Ella ofrece a los hijos un sentido cristiano de existencia y los acompaña en la elaboración de su proyecto de vida, como discípulos misioneros.

3.   La misión compartida
El ejercicio de la misericordia inicia en el seno de la familia. El modo cómo sea tratada una persona en su familia va a determinar su comportamiento en un contexto social y comunitario.
Por ello, nos remitimos a los ejemplos más loables que nos proporciona la Sagrada Escritura para inspirar nuestra misión. En primer lugar proponemos la historia de los mártires macabeos, cuyo relato encontramos en el Libro Segundo de los Macabeos 7,1-42. El relato cuenta la historia de una madre y sus siete hijos que apresados por un rey son torturados para que renieguen de su religión. Uno de los hermanos torturados dice al rey: «Estamos dispuestos a morir antes que violar las leyes de nuestros padres» (2M 7,2). Efectivamente, el rey mata a los siete hermanos. La madre sostenía la fe de sus hijos y les exhortaba, ante la inminente muerte, a ofrecer sus vidas por el amor de su creador: «Yo no sé cómo aparecisteis en mis entrañas, ni fui yo quien os regaló el espíritu y la vida, ni tampoco organicé yo los elementos de cada uno. Pues así el Creador del mundo, el que modeló al hombre en su nacimiento y proyectó el origen de todas las cosas, os devolverá el espíritu y la vida con misericordia» (2M 7,22-23). La convicción que encontramos en esta familia martirizada procede de la convicción de servir a Dios aunque las condiciones sociales y políticas sean adversas. Es la misma convicción que lleva a Josué a exhortar a su pueblo a elegir entre los ídolos que les circundan y el Dios único: «Pero, si no os parece bien servir a Yahveh, elegid hoy a quién habéis de servir, o a los dioses a quienes servían vuestros padres más allá del Río, o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis ahora. Yo y mi familia serviremos a Yahveh» (Josué 23,15).
Pero es Jesús el que amplía el sentido de la auténtica permanencia familiar. Ser miembro de una familia cristiana va más allá de las razones biológicas. Según dice la Escritura, un día en que él estaba predicando le dijeron que los buscaban su madre y sus hermanos, que querían hablar con él, a lo cual respondió diciendo: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mt 12,46-50).
Finalmente, está documentado en la Sagrada Escritura que entre el grupo de los discípulos habían varias mujeres, que lo habían acompañado desde el momento que él decide trasladar su ámbito de predicación de Galilea a Jerusalén. Así, en el contexto de la muerte de Jesús se dice que «había allí muchas mujeres mirando desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle. Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo» (Mt 27,55).
Pertenecer a una familia de tradición cristiana, implica entonces la responsabilidad de dar testimonio en el mundo, luchando en modo permanente por construir comunidades más solidarias y una sociedad más justa.


Pautas para el diálogo:

a)    Sugerir entre los participantes que mencionen ejemplos de familias ejemplares y nombres de mujeres ejemplares que encontramos en la Sagrada Escritura.
b)    Según los Evangelios, la Sagrada Familia fue obligada a migrar hacia Egipto por problemas de violencia contra el niño Jesús: ¿Cuánto impacta en nuestras familias el fenómeno de la migración a raíz de la violencia?
c)    ¿Hemos podido notar en nuestro contexto algún influjo del proceso de secularización en la institución familiar?
d) ¿Qué sugerencias concretas podemos dar para fortalecer la pastoral familiar en nuestra comunidad?

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