viernes, 1 de enero de 2010

Santa María, Madre de Dios (Solemnidad, 1 de enero 2009)


El texto fue comentado en las homilías de las misas realizadas en la comunidad San Cristóbal (Iztepeque, San Vicente: 5:00 pm.), misa realizada en homenaje a Heisselita y Osman, niños víctimas de la tormenta Ida y en el Calvario de San Vicente, misa en homenaje también a las víctimas de la tormenta (7:00 pm.).

En el contexto de la Navidad se suele recordar el texto de Isaías 9:
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló.

El texto de Isaías, el Evangelista Juan se lo aplica al nacimiento de Jesús:
La Palabra ―es decir, Jesucristo― era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre.

La luz es la condición para poder ver. De modo que no es suficiente con tener ojos para decir “yo veo”. Para descubrir los aspectos más profundos de la realidad se requiere, en primer lugar, el dejarse iluminar por la luz que propone Jesús con su pensamiento y con su estilo de vida. Al mismo tiempo, quien se deja iluminar por Jesús, puede a su vez crear las condiciones para la visibilidad, es decir, puede, con sus obras, ser luz en medio de las tinieblas, que imponen quienes empañan la realidad con actos de corrupción y violencia.

Se entiende entonces lo que dice Jesús en el Evangelio:
Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Jn 8,12).

Y además nos implica a nosotros para ser una fuente de luz en el mundo:
Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un huacal, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mt 5,14).

En el caso de la Virgen María, ella “da a luz a La Luz”, es decir a Jesús.

Inspirados en la vocación de María, nuestra misión consiste en irradiar luz en la oscuridad que se produce constantemente el mundo. Dicho en modo teológico, se trata de abrirle un espacio en la historia al Espíritu Santo, para que él pueda obrar. De hecho, María fue “llena del Espíritu Santo” y propicio las condiciones históricas para que pudiera obrar. Las buenas obras suponen un acto de libertad. La libertad, bien orientada, es condición indispensable para la construcción del Reino de Dios, Reino de justicia, de paz, de libertad. La Navidad constituye un encuentro de libertades: entre la libertad de Dios, revelada en Jesús, y la libertad de los hombres. Los hombres y mujeres, que respetan la dignidad de las personas y luchan por sus derechos son luz, proponen soluciones al problema de la violencia. En cambio, las personas que urden el mal serán puestas en evidencia por sus propios actos.

Por eso, las interesantes palabras del Prólogo del Evangelio de san Juan:
Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre.

Y, por consiguiente, al ser hijos de Dios, es decir, al ser discípulos de Jesús, obran según ese Dios en el que creen. Así inició la fe cristiana en el mundo, cuando hubo personas que estuvieron dispuestas a dar testimonio de la verdad revelada en Jesús y en el modo en que él la vivió.

1. DOLOR Y ESPERANZA
La fiesta y la alegría de fin de año no puede minimizar y menos ocultar el realismo de los hechos históricos dolorosos con los cuales se cierra este año. Uno de ellos es la catástrofe natural que golpeó a muchas familias vicentinas, en particular, gente sencilla.
Pero, nos da esperanza el hecho que el Dios en el cual creemos nació en condiciones dolorosas: de pobreza y persecución.
De pobreza porque no encuentra espacio en las posadas donde pide alojamiento, y si lo encuentra es un pesebre, es decir en condiciones de insalubridad. Se revela la noticia a unos pastores, gente de modales poco refinados, pero de una profunda sencillez de corazón. De ahí el máximo resumen del evangelio predicado por Jesús: dichosos los pobres, porque de ellos es el reino de los cielos y su versión contraria, es decir, ¡ay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo. En la misma narración del nacimiento de Cristo aparece una dialéctica entre las intenciones violentas de Herodes, el rey de la demagogia, que dice a los Reyes Magos: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Sus reales intenciones quedan develadas en la matanza de los niños inocentes. La mentira es sinónimo de violencia, de dolor y muerte. Las madres de esos niños lloraron amargamente a sus hijos, como bien lo dice el texto del profeta Jeremías:

Una voz fue oída en Ramá,
Grande lamentación, lloro y gemido;
Es Raquel que llora a sus hijos,
Y no quiso ser consolada, porque perecieron.

¿Y cuántas madres han llorado la muerte de sus hijos en San Vicente? Queremos estar cercanos a esas madres. No por sentimentalismo barato, sino como quien identifica la terrible dialéctica que se repite entre los que viven a las orillas de los ríos y en los barrancos en El Salvador y los que ven con indiferencia e indolencia el sufrimiento del pueblo, los mismos, que en tiempo de campaña electoral abrazan a esas mismas personas, prometiéndoles demagógicamente una situación mejor. Los mismos que habitan las residencias de lujo, cuyos hijos no sabrán nunca el significado preciso y exacto de las palabras: hambre, frío, precariedad económica.

2. LAS CAUSAS
Pero el caldo de cultivo de la dominación y la corrupción es la ignorancia, provocada y sostenida conscientemente por el verdugo, por el dominador.

Pongamos ejemplos:
¿Cuántos teatros hay en San Vicente? ¿Cuántas bibliotecas especializadas para niños o para jóvenes?
Y ¿cuántos prostíbulos hay en San Vicente? ¿Cuántos “chupaderos”? ¿Cuántos clubes nocturnos?

Respondamos con sinceridad y nos daremos cuenta que el desarrollo de los pueblos no consiste en buenas intenciones. Y que la situación de violencia que vivimos no es fruto de la casualidad. El espacio en la realidad es siempre el mismo y será ocupado, en el caso que existan, por los promotores de la cultura, de la vida, de los derechos humanos; de otro modo, lo ocuparán los mismos de siempre: los corruptos, los violentos, los que pisotean la dignidad de la persona.

Las calles de San Vicente parecen una superficie lunar, por la cantidad de cráteres que en ellas encontramos. Mientras tanto, el pueblo sigue pagando sus impuestos delante a la indiferencia y cinismo de sus gobernantes.

3. DESAFÍOS
Se abren, pues, desafío serios en el horizonte próximo de un año que inicia:

  • Fortalecer las instituciones. Las que ya luchan por mejorar las condiciones de vida del pueblo.
  • Crear nuevas instituciones para la resistencia. Espacios en los que el pueblo pueda expresar su modo de pensar y exigir también sus derechos.
  • Una seria evangelización de la comunidad eclesial. La prioridad es superar la reducción sentimentalista de la fe y adentrarse en una seria evangelización, organizada e inspirada en los principios evangelios del profetismo, la opción por los pobres y la defensa de los derechos humanos.
El proceso evangelizador no necesita pastores que comprometan la fe con favores políticos y económicos. El Evangelio tiene fuerza en sí mismo, y lo único que necesita son personas dispuestas a dar tesimonio de la verdad y que se concentren en la predicación del evangelio. Todo lo demás es pérdida de tiempo.

Les deseamos un año lleno de paz, con tantas bendiciones para sus familias. La sociedad va dando signos de esperanza, pero tenemos que dar un paso todavía más valiente, para que reine la justicia, la paz y el respeto de los derechos de las personas.

3 comentarios:

Anny dijo...

Hola Padre, gracias por ese gran mensaje de esperanza a nuestra comunidad, es esto lo que realmente nos fortalece y anima a seguir adelante en medio de la angustia y el dolor... Aunque no lo entendamos en el momento de la prueba, sé que Dios no escribe en renglones torcidos y tiene un propósito especial en su plan de amor.

Saludos desde la comunidad de San Cristóbal.
Dios le bendiga.

E. Baregó dijo...

Padre, gracias por este mensaje, me lo copio y hago mío. Ya me hacían falta sus interesantes posts, recuerde que siempre le seguimos.Comprendo que el tiempo es su primer enemigo, pero somos buenos lectores y sabemos esperar sus escritos. Gracias por su ser y ministerio.Feliz 2010.

MISIONOLOGÍA CONTEMPORÁNEA dijo...

Estimada Anny:
Aunque no lo creas nosotros los sacerdotes aprendemos mucho más de la fidelidad de los laicos. De modo que el sentimiento que me expresas es mutuo.

Estimado Enrique:
No sabe cuanto quisiera tener un poco más de tiempo para publicar más temas, pero espero un día publicar un pequeño librito con las temáticas que vamos afrontando. De momento celebro la alegría y la entrega que noto en tu persona.
Saludos, que Dios les bendiga.
Atte. Juan Chopin.

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