
viernes, 2 de diciembre de 2022
Conversaciones con el Cardenal Gregorio Rosa Chávez, candidato al «Premio Nobel de fidelidad» (RESEÑA)
lunes, 28 de noviembre de 2022
TESIS SOBRE EL MARTIRIO DEL PADRE NICOLÁS RODRÍGUEZ AGUILAR
Por: Juan Vicente Chopin.
¿Puede el padre Nicolás Rodríguez ser considerado protomártir del martirio moderno en El Salvador?
1.
Por «protomártir»
se entiende el primero de los mártires en una serie de cristianos asesinados. Además,
se entiende por tal el inicio de una unidad de tradición eclesial que se adhiere
al hecho fundante del movimiento cristiano: el martirio de Jesucristo, «el
mártir fiel» (Apocalipsis 1,5).
2.
La
modernidad del martirio salvadoreño inicia con el advenimiento del Concilio
Vaticano II (1962-1965). De hecho, el padre Nicolás Rodríguez fue asesinado el
28 de noviembre de 1970. Por tanto, cronológicamente es el asesinato de un
sacerdote más cercano a la culminación del Concilio Vaticano II.
3.
Existe
un pronunciamiento oficial por parte del arzobispo José Luis Escobar Alas en el
que llama «protomártir salvadoreño y precursor del Profeta Mons. Romero» al
sacerdote jesuita y beato Rutilio Grande [Cfr. José Luis Escobar, Segunda Carta
Pastoral: “Ustedes También Darán Testimonio. Porque han estado conmigo desde el
principio” (12 de marzo de 2017), nn. 14, 23, 33, 35 y en la Introducción]. Dicho
pronunciamiento abre el debate en dos sentidos. Primero: si, de facto, el padre
Nicolás Aguilar es el primer mártir en el tiempo, entonces cabe preguntarse si
también puede serlo “de iure”. En esta línea, el n. 35 de la carta que estamos
considerando, el arzobispo introduce una frase que es extraña a la tradición
cristiana, llama al padre Nicolás «protomártir del protomártir salvadoreño», con
respecto al padre Rutilio Grande. Probablemente, lo mejor sea llamar «protomártir»,
sin más, al padre Nicolás. Sin embargo, el
arzobispo no duda de que Nicolás es «el primero de los mártires del siglo XX,
tanto en El Salvador como en la región centroamericana» (Ibídem.). Segundo: San
Oscar Romero no se habría convertido con la muerte del beato Rutilio Grande,
sino que su conversión sería fruto de un proceso progresivo, que inicia al ver
al padre Nicolás mutilado (noviembre de 1970), puesto que recién nombrado obispo
auxiliar fue enviado por Mons. Chávez y González a recoger el cadáver del padre
Nicolás; su conversión se consolida en la masacre de campesinos de Tres Calles
en Usulután (junio de 1975) y alcanza su auge con el martirio de Rutilio Grande
(marzo de 1977).
4.
Los
sacerdotes diocesanos, gremio al que pertenecía el padre Nicolás, no lo
incluyen en la lista principal de sacerdotes investigados en su reporte. Lo
colocan en el anexo n. 1 de su investigación. Su opinión reza así: «El equipo
responsable de este libro sobre los mártires diocesanos del conflicto armado en
El Salvador, creyó conveniente presentar los rasgos más importantes de la vida,
labor pastoral y muerte del P. Nicolás en los ANEXOS, principalmente, por haber
tenido lugar en una época bastante distante del resto de los diez mártires
estudiados y por haber tenido lugar en un contexto sociopolítico y religioso
diferente. Sin embargo, compartimos la opinión de quienes creen encontrar aquí,
el inicio de lo que luego se llamaría “persecución sistemática contra la
iglesia Católica en El Salvador”» (Walter Guerra – Carlos Mejía – Benito Tobar –
Reino Morán – Efraín Villalobos, Testigos de la fe en El Salvador. Nuestros
sacerdotes y seminarista diocesanos mártires 1977-1993, Impresos Quijano, San
Salvador 2015, p. 266).
5.
Contamos
con otro pronunciamiento oficial. En este caso, del obispo de Chalatenango,
quien reivindica como lugar primigenio y originario del martirio de los
sacerdotes salvadoreños la región de su jurisdicción. Monseñor Oswaldo Escobar
retoma el pensamiento del Arzobispo Escobar Alas y propone su tesis: «Podríamos
decir entonces, que Chalatenango, es el lugar del primer mártir salvadoreño y a
la vez de nuestra área de Centro América» [Tomado de la página oficial de la Diócesis
(https://m.facebook.com/permalink.php?story_fbid=2279489168993931&id=2218129255129923).
Véase sobre todo: Oswaldo Escobar Aguilar, Romereando por Chalate.
Chalatenango: “¿Qué está pasando allí?, Impresos Quijano, San Salvador 2021].
6.
Es
el momento para profundizar en el estudio de la composición y despliegue de la iglesia
de los mártires en El Salvador y sacar todas las consecuencias que ello supone.
martes, 15 de noviembre de 2022
EL MUNDIAL DE QATAR Y EL CONSUMO DE LA TIERRA
miércoles, 19 de octubre de 2022
MISIÓN, MARTIRIO Y SINODALIDAD (Domund 2022)
1.
EL ORIGEN
TEOLÓGICO DE LA MISIÓN. En sentido estricto, la misión es la entrada de Dios en
la historia, según lo que dice el Evangelio de San Juan: «Como el padre me
envió, también yo os envío» (Jn 20,21). Lo que hacemos en las parroquias y
comunidades cristianas en general y que llamamos «apostolado», «acción pastoral»,
«actividad misionera», etc., no tiene valor en sí mismo, sino en razón de su
origen. No es lo que hacemos, sino la razón o causa por la que lo hacemos. En
pocas palabras: «En cualquier forma de evangelización el primado es siempre de
Dios» (Francisco, Evangelii Gaudium, n. 12).
2.
LA IGLESIA, SUJETO HISTÓRICO-ECLESIAL DE LA
MISIÓN. La existencia de la Iglesia se explica y justifica, entonces, desde la
misión, en tanto que «la identidad de la Iglesia es evangelizar» (Domund 2022).
El Papa Pablo VI así lo ve: «Evangelizar constituye, en efecto, la
dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe
para evangelizar» (Evangelii Nuntiandi, n. 14).
3.
LA
MISIÓN ES UNA SOLA, PERO DIVERSIFICADA Y CONTEXTUALIZADA. «Las diferencias en cuanto a la
actividad dentro de esta misión de la
Iglesia, nacen no de razones intrínsecas a la misión misma, sino de las
diversas circunstancias en las que ésta se desarrolla. Se pueden distinguir tres situaciones» (Juan Pablo II, Redemptoris Missio, n. 33): 1) La
actividad pastoral que se realiza con los bautizados que
normalmente frecuentan la iglesia. Es la que se da entre un bautizado
practicante y otro bautizado practicante. 2) La nueva evangelización, es decir,
el proceso evangelizador orientado a los bautizados alejados. Se da entre un
bautizado practicante y un bautizado no practicante. 3) La misión ad gentes, es decir, la evangelización dirigida a las
personas no bautizadas. Es la que se da ente un bautizado practicante y un no
bautizado. Las tres son importantes, pero la que tiene prioridad es la tercera.
4.
MISIÓN
EN CLAVE SINODAL. La sinodalidad tiene que ver con el modo cómo se realiza la
misión. En este caso, Rutilio Grande es propuesto como modelo por el Papa
Francisco: «En estos momentos en los que estamos llamados a reflexionar sobre
la sinodalidad de la Iglesia, tenemos en estos mártires el mejor ejemplo de
este «caminar juntos», pues el padre Grande fue martirizado mientras “caminaba
hacia su pueblo”. Eso es lo que cada uno de ustedes, obispos, sacerdotes y
agentes pastorales, piden hoy al Señor, ser como ese “sacerdote —Rutilio— con
sus campesinos —los beatos Manuel y Nelson—, siempre de camino hacia su pueblo para
identificarse con ellos, para vivir con ellos”» (Francisco, Mensaje a los
peregrinos salvadoreños, 14.10.2022).
5.
MARTIRIO
Y MISIÓN. En este binomio la prioridad la tiene la misión, aunque didáctica y
literariamente suene mejor como está escrita. La misión es primero porque Dios
se comunica primero por medio del proceso de la creación y culmina con el
proceso de la redención (encarnación, pasión, muerte y resurrección). El
martirio es el quicio o la «bisagra» que propicia el encuentro entre la
libertad de Dios y la libertad del hombre. En este encuentro fecundo el
concepto clave e ineludible es «testimonio», magníficamente estructurado entre Lucas
y Juan. Lucas lo presenta así: «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que
vendrá sobre vosotros, y seréis mis TESTIGOS en Jerusalén, en toda Judea y
Samaria, y hasta los confines de la tierra» (Hechos 1,8). En Juan se expresa así:
«Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de
la verdad, que procede, él dará TESTIMONIO de mí. Pero también vosotros daréis TESTIMONIO,
porque estáis conmigo desde el principio» (Juan 15,26-27). Si las palabras «testigo»
y «testimonio» las escribiéramos en su lengua original, en griego, entonces
diría «mártir» y «martirio». Así se explica que el Apocalipsis llame a Jesús «el
MÁRTIR fiel, el primogénito de entre los muertos» (Apocalipsis 1,5).
CONCLUSIÓN. Si bien
el Papa compara a los mártires con piedras preciosas ―rubíes―, en el proceso de
construcción de la Iglesia en fidelidad a Cristo, «piedra viva» (cfr. 1Pe 2,4-5).
También es cierto, que quien utiliza a los mártires para exaltarse a sí mismo,
hace de ellos para su propia ruina «piedra de tropiezo y roca de escándalo»,
porque «no creen en la Palabra» (1Pe 2,8). Pero, los verdaderos discípulos no
olvidan la recomendación de Jesús: «No deis a los perros lo que es santo, ni
echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus
patas, y después, volviéndose, os despedacen» (Mateo 7,6). La misión, vista
desde los discípulos, consiste en abrirle un espacio en la historia a la acción
de Dios en el Espíritu, bajo el ejemplo de Jesucristo.
Los procesos de independencia de Centroamérica (Reseña).
RESEÑA
Adolfo Bonilla Bonilla, Los procesos de
independencia de Centroamérica. Una interpretación de sus proyectos en el
Bicentenario, Ministerio de Educación, San Salvador 2021.
ISBN:
978-99983-56-13-9 / 978-99983-56-14-6.
253 páginas.
Adolfo BONILLA BONILLA nació en San Vicente, El Salvador en 1955. Graduado de Máster en Artes por la Universidad de Londres, Inglaterra en 1999. Realizó un Doctorado en Filosofía Política en la Universidad de Manchester, Inglaterra en 1996, y estudios posdoctorales en la Universidad de
Johns Hopkins en Baltimore, Maryland, Estados
Unidos en 1998.
El texto se publica
en el marco de la celebración de los 200 años del proceso de independencia de
España en el área centroamericana.
La tesis central del
libro consiste en presentar de forma más actualizada y enriquecida, con nuevas
fuentes documentales y nuevos conceptos, una crítica a la historia de las ideas
políticas basada en la dicotomía servil-liberal y la presentación de una nueva
clasificación de ideas políticas, de la cual resulta una nueva historia
política e interpretación de los procesos de independencia, donde la
independencia se presenta como ilustrada, liberal y republicana.
La obra se estructura
en cuatro capítulos y la conclusión. El primer capítulo (Las ideas de la
Ilustración y su influencia en los procesos y proyectos de independencia)
analiza la influencia de las ideas ilustradas en los procesos de independencia.
«Esta sección es importante para comprender la filosofía política detrás de los
proyectos de modernización del Imperio español» (p. 23). Se desarrollan dos
grandes variantes: el absolutismo ilustrado y la ilustración constitucional.
El segundo capítulo (Proyectos
de independencia y constituciones en el ámbito americano) «se presentan
casos notables de proyectos de independencias y sus procesos y propuestas
constitucionales para ilustrar lo complicado que fue tomar decisiones sobre
esos temas. Se analizan las propuestas del conde de Aranda, luego las de los
venezolanos Francisco de Miranda y Simón Bolívar, la de los guatemaltecos José
María Peinado y Antonio García Redondo, y finalmente la propuesta de proyecto
de canal interoceánico en Nicaragua, presentada en 1826 por José Cecilio del
Valle al congreso de la república federal de Centroamérica, que aborda el tema
de la independencia y la economía» (p. 35-36).
El tercer capítulo (El
fin del antiguo régimen hispano, la Constitución española de 1812 y su relación
con los procesos de independencia en Centroamérica), el más extenso, «analiza
el esfuerzo de creación del Estado moderno desde la invasión napoleónica a
España hasta la redacción de la Constitución española de 1812 y su puesta en
práctica. Ello incluye el proceso de las cortes de Cádiz, la revolución liberal
española y el fin del antiguo régimen, la Constitución española de 1812 y su
implementación en Centroamérica. En ese contexto se analiza el “primer grito de
independencia” del 5 de noviembre de 1811 en San Salvador y el levantamiento en
dicha ciudad del 24 de enero de 1814» (p. 21). Digno de mención es el análisis
que hace el autor del artículo 18 de la Constitución de Cádiz: «A este artículo
no se le ha dado la importancia que merece, ya que representa quizá el cambio
más radical de la época en materia de definición de la nación, la ciudadanía
política y los derechos individuales. Por este decreto, el indígena pasó de
indígena conquistado marginado y segregado en los pueblos de indios, sometido,
a pagar tributo y a trabajos forzados, a ser parte de la nación española, a ser
parte de la configuración de la soberanía nacional o popular, a gozar de
ciudadanía política» (p. 79). El otro elemento es la explicación de cómo surge
la tradición del primer grito de independencia (pp. 92-96). El tercer aspecto a
resaltar de este capítulo es el análisis que el autor hace de la obra de
Alejandro Dagoberto Marroquín. Por ejemplo, Bonilla sostiene que, «Marroquín en
su narración no está presentando al líder histórico Pedro Pablo Castillo, sino
que está construyendo al personaje ideal revolucionario, que él imagina con
perfectos atributos que el mismo Castillo no tenía, para su propósito de crear
un personaje histórico revolucionario con orígenes populares que sea útil
políticamente a la revolución que se estaba gestando en la década de 1960 en El
Salvador. Es lo mismo que están haciendo Jorge Arias Gómez y Roque Dalton» (pp.
129-130). Finalmente, intenta recuperar la figura de José Cecilio del Valle, a
quien considera «una figura controversial, [pero] considerado como la
personalidad más importante en la Ilustración centroamericana. Su brillante
carrera fue oscurecida por su apoyo a la monarquía absoluta durante el hostil
período de Bustamante, en 1814-1818» (p. 149).
El cuarto capítulo (La
independencia centroamericana de España, la anexión al Imperio mexicano y la
independencia centroamericana de México, 1820-1823) «analiza el
restablecimiento de la Constitución de Cádiz en 1820, el debate electoral de
1820 y la adopción en Centroamérica de la clasificación de las ideas
servil-liberal, la independencia de España el 15 de septiembre de 1821, la
anexión al Imperio mexicano del 5 de enero de 1822, la resistencia de la
provincia de San Salvador a la anexión a México y la independencia de
Centroamérica con relación a México el 1 de julio de 1823» (p. 21). Uno de los
aportes más notables en este capítulo es aclarar la confusión terminológica e
histórica que ha provocado la introducción del binomio servil-liberal por
Barrundia en El Editor Constitucional, número 1 y 3, del 2 de agosto de
1820. Así, sostiene Bonilla: «la definición de servil de Barrundia no tiene
nada que ver con el pensamiento conservador y que por ello fue un error usarlas
como sinónimos de la manera que se hizo a finales del siglo XIX» (p. 168).
Además: «Mi contribución consiste en mostrar que la postura exclusivista de
Barrundia quedó claramente establecida en el debate electoral de 1820 y está
directamente ligado a su lectura e influencia de Rousseau» (p. 173). Destacamos
también la recuperación que hace, en sintonía con Mario Vásquez Olivera, del
«prócer olvidado», un tal «fray Tasajo»; se trata de Rafael Castillo, «un
fraile agustino veterano de las luchas de Miguel Hidalgo que decidió luchar en
las filas republicanas de San Salvador y lo hizo de manera brillante» (p. 213).
Finalmente, un tema que interesa a los historiadores es el cisma formal en que
incurrió José Matías Delgado, ante la creación del obispado de San salvador el
30 de marzo de 1822. Destaca en este punto el estudio realizado por Luis
Ernesto Ayala Benítez.
Adolfo Bonilla nos
proporciona una sugerente conclusión. Por una parte, confirma su tesis: «que
nuestros procesos de independencia estaban guiados por la revolución ilustrada
que transcurrió dentro de los parámetros del absolutismo ilustrado, el
liberalismo y el republicanismo. Por tanto, nuestra independencia fue
ilustrada, liberal y republicana. Una independencia conservadora no tenía lugar
en razón de que, en Centroamérica, por el peso avasallador de la Ilustración y
por la estructura social, no se desarrolló el pensamiento conservador» (p. 231).
Por otra parte, propone un método para retomar estas investigaciones, que en
términos generales consiste en «separar las interpretaciones y comentarios
sobre las independencias que se hicieron en la época de la independencia, de
las que se hicieron a partir de la segunda mitad del siglo XIX y siglo XX» (p.
232). De hecho, sugiere una serie de fuentes y referencias que a su juicio son
indispensables para tal cometido.
La obra de Adolfo
Bonilla va más allá de la lectura fáctica de los acontecimientos históricos. Su
lectura razonada de las ideas filosóficas que sustentan los hechos históricos
le da al texto un enfoque interesante, respecto de los manuales tradicionales
de historia. Cabe preguntarse si su propuesta de leer los procesos de
independencia en Centroamérica a partir de la modernidad ilustrada pueda
equilibrar la invención de tradiciones que normalmente encontramos en el
proceso de creación de las naciones centroamericanas.
viernes, 14 de octubre de 2022
LOS MÁRTIRES «UN DON GRATUITO DEL SEÑOR» En el 4º aniversario de la canonización de San Óscar Arnulfo Romero
miércoles, 21 de septiembre de 2022
DUDAS RAZONABLES DE UN CIUDADANO RESPECTO DE LA REELECCIÓN DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE EL SALVADOR
Por: Juan Vicente Chopin