miércoles, 16 de agosto de 2023

Nada más que la verdad. Mi vida al lado de Benedicto XVI (Reseña)

 


Por: Juan Vicente Chopin

Universidad Don Bosco, El Salvador, Centro América.

 


GÄNSWEIN Georg – GAETA Saverio, Nada más que la verdad. Mi vida al lado de Benedicto XVI, Desclée De Brouwer, Bilbao 2023.

ISBN: 978-84-330-3225-6.

341 páginas.

Fotografía de cubierta: Alessia Giuliani/Catholic Press.

Traducción española: Fernando Montesinos Pons y Miguel Montes.

 

Georg Gänswein (Alemania, 1956), sacerdote de la arquidiócesis de Friburgo de Brisgovia desde 1984 y doctor en Derecho canónico. Tras ser llamado al Vaticano en 1995, primero para la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos y, al año siguiente, para la de la Doctrina de la fe, en 2003 se convirtió en secretario personal del entonces cardenal Joseph Ratzinger. Tras ser elegido para el pontificado, el 19 de abril de 2005, Benedicto XVI le confirmó en el cargo y en 2012 le nombró prefecto de la Casa pontificia, consagrándole arzobispo, el 6 de enero de 2013, con el título de Urbisaglia. El papa Francisco le mantuvo en el cargo, aunque confiándole, desde enero de 2020, la tarea de dedicarse exclusivamente al Papa emérito.

 

Saverio Gaeta (Italia, 1958), periodista profesional y licenciado en Ciencias de la comunicación social. Ha sido redactor del Osservatore Romano, jefe de sección de Jesus, redactor jefe de Famiglia Cristiana y subdirector de Credere. Experto en temas relativos a la relación entre fe y ciencia (milagros, reliquias, manifestaciones sobrenaturales), ha colaborado con diversas cabeceras de prensa, radiofónicas y televisivas. Es autor de numerosos ensayos, biografías y libros-entrevista, traducidos a dieciséis lenguas. En los últimos años ha publicado el éxito de ventas Il Veggente (Salani 2016), la colección Medjugorje (San Paolo 2020-21) y La profezia dei due Papi (Piemme 2018). Entre sus obras traducidas al español se encuentran: Padre Pío: el misterio del Dios cercano (San Pablo 2015), Papa Francisco: su vida y sus desafíos (San Pablo 2013), Por qué es santo: el verdadero Juan Pablo II (B 2010).

 

El mismo Saverio Gaeta define este libro como «una narración en primera persona, no de un libro-entrevista» (Epílogo, p. 337). En cambio, al parecer de Francisco Javier Sancho Fermín «no estamos frente a una biografía global» (Prólogo, p. 10) y haciendo recurso a la síntesis dice que el libro es: «el fondo humano y espiritual de un Papa» (Prólogo, p. 9). Así es presentado el texto. No es la vida completa de Ratzinger/Benedicto XVI, sino fundamentalmente la vida de Benedicto XVI vista por su asistente personal.

 

Efectivamente, el texto está escrito en primera persona por su principal autor Georg Gänswein. Utiliza un estilo testimonial y cuando quiere expresar algo puntual recurre a citas ya sea de Benedicto XVI o de otros autores. Este método recorre todo el texto. De modo que se puede notar, entre bastidores, la directa opinión del autor solamente en pocos casos, aunque esté latente en todos. El esfuerzo del autor principal por justificar y defender la persona y la figura de Benedicto XVI es también constante en el texto.

 

Tanto el prologuista de la edición española como el autor del epílogo no esconden la polémica que la publicación de esta obra ha supuesto. Sin duda por haber sido publicada en una fecha muy cercana a la muerte del Papa Benedicto XVI. A su juicio se busca más «evidenciar los “conflictos” y potenciar el “sensacionalismo mediático” de la confrontación, sin percatarse generalmente de que tras estas páginas se ofrecen numerosos aspectos que pueden acercarnos a un mejor conocimiento y comprensión de la vida de Benedicto XVI» (Prólogo, p. 8).   

 

La versión española de la obra consta de dos prólogos (uno a la edición española y otro del autor), nueve capítulos y un epílogo. El primer capítulo [El “predestinado” fuera de los esquemas] narra los pasajes principales de la carrera eclesiástica de Benedicto XVI. Para G. Gänswein es inconsistente la crítica a Benedicto XVI de que fuera el Panzerkardinal o el Rottweiler de Dios (cfr. P. 37). Se anticipa aquí el que la línea transversal del papado de Ratzinger ha sido el tema de la verdad. El capítulo dos [El filósofo y el teólogo] desarrolla la relación entre Juan Pablo II y el cardenal Joseph Ratzinger y la mutua colaboración entre ambos para la redacción de algunos documentos pontificios como Veritatis splendor (1993) o Fides et ratio (1998). Se resalta la Dominus Iesus, descrita por G. Gänswein como «un faro magistral del binomio Ratzinger-Wojtiła». El capítulo tres [La caída el hacha] narra la elección de J. Ratzinger como Papa. El capítulo cuatro [La familia (pontificia y no pontificia)] trata tanto de la familia biológica del pontífice como de la «familia pontificia», es decir, los que normalmente conviven en la cotidianidad con el Papa. Su madre Maria era ama de casa, mientras su padre Joseph era gendarme. Se menciona el origen modesto de Benedicto XVI. Se habla de su hermano Goerg Ratizinger ordenado sacerdote el mismo día con Joseph Ratzinger. Y su hermana Maria, que le fue muy cercana al Papa. Se mencionan otras personas que formaban el círculo íntimo de convivencia del Papa. A partir de este capítulo es que G. Gänswein comienza a relatar las intrigas y celotipias que se daban en el entorno papal. El capítulo cinco [Los tropiezos del complejo gobierno] se mencionan algunos de los episodios más complicados en el ministerio de Benedicto XVI: los escándalos de pedofilia del clero, el discurso del Papa en Ratisbona, el nombramiento de Tarsicio Bertone, los problemas con el Banco Vaticano, el escándalo Vatileaks, el secuestro de Emanuela Orlandi, entre otros. El capítulo seis [Un Magisterio completo] menciona lo que el autor considera los núcleos principales del magisterio de Benedicto XVI. Al final del capítulo se retoma la cuestión del cisma provocado por Marcel Lefèbvre. El capítulo siete [La histórica renuncia que ha marcado toda una época] aborda la renuncia de Benedicto XVI al ejercicio del pontificado, pasando a ser papa emérito. Con nostalgia dice G. Gänswein: «Fue una despedida, debo reconocerlo, que me hizo sufrir y me golpeó en lo íntimo, hasta el punto que no me quedó más remedio que dar libre curso a las lágrimas» (p. 240). El capítulo ocho [La relación entre los dos Papas] da cuenta de la situación que se dio en la convivencia de los dos papas. El autor da a entender que Benedicto XVI no se esperaba que Bergoglio quedara como Papa cuando afirma: «pude entender que el nombre de Jorge Bergoglio le había cogido de improvisto» (p. 246). Menciona, sin embargo, que las relaciones eran normalmente cordiales. Menciona que en la parte doctrinal no siempre Benedicto XVI estuvo de acuerdo con Francisco. Por ejemplo, afirma: «Algunas de las afirmaciones de Francisco en la Evangelii gaudium le sonaron extrañas a la sensibilidad teológica de Benedicto» (p. 260). Dedica también el autor suficiente espacio a explicar el «enredo» que provocó el cardenal Robert Sarah al querer implicar a Benedicto en sus acostumbrados lances fundamentalistas. El autor, en la página 268 habla de la exhortación apostólica Querida América, probablemente sea un error tipográfico, dado que en ese período la exhortación que salió a luz se titula Querida Amazonia (02.02.2020). Cierra el capítulo mencionando que sus relaciones, las de G. Gänswein, con Francisco no han sido buenas: «ya desde hacía algunos meses, tuve la impresión de que entre el nuevo Pontífice y yo no se conseguía crear el oportuno clima de confianza» (p. 274). Dice con amargura: «a nivel personal, me había sentido humillado» (p. 275). El capítulo nueve [El silencio laborioso en el Monasterio] describe los últimos días en la vida de Benedicto XVI. Sin embargo, el autor todavía retoma pasajes polémicos sucedidos en el pasado del ministerio del Papa en cuestión: perplejidades respecto del texto de Amoris laetitia (2016); los dubia que cuatro cardenales le enviaron al Papa Francisco; la publicación de algunos textos por parte de Dario Edoardo Viganò por encargo del Papa y a los cuales Benedicto XVI no quiso hacer la presentación; la prohibición de celebrar la misa en rito antiguo en las iglesias particulares; el caso Marcial Maciel; al final se reporta en español el testamento espiritual de Benedicto XVI.

 

La relevancia que ha cobrado esta obra se explica por el contexto en la que ha sido publicada. Es decir, su cercanía con la muerte del Papa Benedicto XVI, por la coexistencia insólita de dos Papas y por la serie de polémicas que muchos curiales y eclesiásticos de alto rango han provocado en torno al papado de Francisco.

 

El valor de la obra radica en que está escrita por alguien que vive el entorno vaticano y conoce de primera mano el ministerio de Benedicto XVI. Esto último es muy valioso para tener una mayor aproximación a la figura de Ratzinger/Benedicto XVI. La mayor parte de la obra se detiene en los entresijos del ambiente cortesano que se vive en El Vaticano y que el autor intenta aclarar. Con menos profundidad son tratados los temas teológicos y de política exterior de la Sede de Pedro respecto de los contextos eclesiales dispersos por todo el mundo.

 

Hay una presunción respecto de la configuración histórica de la Iglesia y de la teología cristiana de cara al evo moderno y contemporáneo. Particularmente visible resulta esto en el contraste que se da en la visión teológica emanada del etsi Deus non daretur (como si Dios no existiera), defendido por teólogos como Dietrich Bonhoeffer y el veluti si Deus daretur (como si Dios existiese), defendido por J. Ratzinger (cfr. p. 70). Se anhela un «resto fiel» en un mar de relativismo, se desconfía de la teología del tercer mundo, pero nada se dice de la crisis postcristiana que vive Alemania. Para alguien que nunca ha tenido contacto con el ambiente eclesiástico de la Ciudad del Vaticano el libro resulta revelador, pero para quien los ha vivido, es más de lo mismo.

lunes, 12 de junio de 2023

LA IDEA DEL ETERNO RETORNO SEGÚN MILAN KUNDERA




La idea del eterno retorno es misteriosa y con ella Nietzsche dejó perplejos a los demás filósofos: ¡pensar que alguna vez haya de repetirse todo tal como lo hemos vivido ya, y que incluso esa repetición haya de repetirse hasta el infinito! ¿Qué quiere decir ese mito demencial?
El mito del eterno retorno viene a decir, per negationem, que una vida que desaparece de una vez para siempre, que no retorna, es como una sombra, carece de peso, está muerta de antemano y, si ha sido horrorosa, bella, elevada, ese horror, esa elevación o esa belleza nada significan. No es necesario que los tengamos en cuenta, igual que una guerra entre dos Estados africanos en el siglo XIV que no cambió en nada la faz de la Tierra, aunque en ella murieran, en medio de indecibles padecimientos, trescientos mil negros.
¿Cambia en algo la guerra entre dos Estados africanos si se repite incontables veces en un eterno retorno?
Cambia: se convierte en un bloque que sobresale y perdura, y su estupidez será irreparable.
Si la Revolución francesa tuviera que repetirse eternamente, la historiografía francesa estaría menos orgullosa de Robespierre. Pero dado que habla de algo que ya no volverá a ocurrir, los años sangrientos se convierten en meras palabras, en teorías, en discusiones, se vuelven más ligeros que una pluma, no dan miedo. Hay una diferencia infinita entre el Robespierre que apareció sólo una vez en la historia y un Robespierre que volviera eternamente a cortarle la cabeza a los franceses.
Digamos, por tanto, que la idea del eterno retorno significa cierta perspectiva desde la cual las cosas aparecen de un modo distinto a como las conocemos: aparecen sin la circunstancia atenuante de su fugacidad. Esta circunstancia atenuante es la que nos impide pronunciar condena alguna. ¿Cómo es posible condenar algo fugaz? El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia; todo, incluida la guillotina.
No hace mucho me sorprendí a mí mismo con una sensación increíble: estaba hojeando un libro sobre Hitler y al ver algunas de las fotografías me emocioné: me habían recordado el tiempo de mi infancia; la viví durante la guerra; algunos de mis parientes murieron en los campos de concentración de Hitler; pero ¿qué era su muerte en comparación con el hecho de que las fotografías de Hitler me habían recordado un tiempo pasado de mi vida, un tiempo que no volverá?
Esta reconciliación con Hitler demuestra la profunda perversión moral que va unida a un mundo basado esencialmente en la inexistencia del retorno, porque en ese mundo todo está perdonado de antemano y, por tanto, todo cínicamente permitido.
[Milan Kundera, La insoportable levedad del ser, Primera parte (La levedad y el peso), n. 1]

martes, 18 de abril de 2023

EL SÍNDROME CIAN


El síndrome cian es una afección o fenómeno paradójico, adquirido no congénito, que consiste en la imposibilidad mental en quien lo padece de aplicar el pensamiento crítico y complejo a los fenómenos sociopolíticos y económicos de su entorno.

Dicho síndrome es de reciente aparición. Coincide con el advenimiento de la era digital.
Como los «minions», los cian poseen un propósito muy particular en su vida: encontrar un jefe dedicado a la villanía, de no encontrarlo se desaniman severamente hasta llegar a la muerte.
Quien sufre de este síndrome reproduce convencida y tenazmente las indicaciones e ideas propuestas por aquel a quien considera su líder.
Sus fuentes de información no son los medios tradicionales de información (radio, televisión, revistas, libros, etc.), a quienes considera ruines, mentirosos y traidores, privilegiando y escuchando toda persona o espacio digital desafectado que utilice un lenguaje directo, de ser posible, vulgar y denigrante.
Son aficionados a los dispositivos digitales, pero tienen severos problemas para afrontar los procesos de educación formal de largo plazo.
Se recomienda a las personas no intentar convencer al paciente cian de lo contrario a lo que piensa políticamente, porque dicho ejercicio resulta cansado, infructuoso y estresante. Si el cian aborda inexorablemente el tema político de su preferencia, como es su manía, el interlocutor cambiará de tema, hará silencio o abandonará el lugar.
Cuando el cian se descontrola, ataca virulentamente, publica directas e indirectas en el muro de sus redes digitales y le da «like» o «me encanta» a todo comentario que sea favorable a su opinión y denigre a quien considera su contrincante. Sin duda, hay «cianes prudentes» que solo guardan silencio, agazapados en sus cuentas digitales.
El síndrome cian lo padecen no solo personas de las clases populares, sino también aquellos profesionales que nunca comprendieron el concepto de modernidad ilustrada, es decir, la salida de la humanidad por su propio esfuerzo del estado de culpable inmadurez.
El síndrome cian tiene cura, pero requiere mucho tiempo, paciencia y dedicación para superarlo. Y algo muy importante, todos alguna vez, en otro sentido, con otro villano u otro color, han presentado síntomas de este síndrome.

sábado, 1 de abril de 2023

LA DEMOCRACIA DE LOS SALVADOREÑOS. El aniversario del «estado de excepción»




Por: Juan V. Chopin 


El pasado 27 de marzo, del año en curso, se cumplió un año de la primera aplicación contemporánea del estado de excepción en El Salvador.
El objetivo de aplicar el artículo 29 de la Constitución era detener la ola de asesinatos provocada por el accionar de las pandillas y otras razones no siempre notas a la población. El Gobierno, efectivamente, ha logrado frenar la ola de asesinatos. Algunos periodistas han intentado demostrar que el Gobierno mantiene una negociación con los jefes de las pandillas para lograr sus propósitos. De momento, este no es el argumento que queremos presentar en esta nota.
Es un momento oportuno para preguntarse: ¿Qué tipo de régimen político quieren o prefieren los salvadoreños?
El artículo 30 de la Constitución dice claramente: «El plazo de suspensión de las garantías constitucionales no excederá de 30 días. Transcurrido este plazo podrá prolongarse la suspensión, por igual período y mediante nuevo decreto, si continúan las circunstancias que la motivaron. Si no se emite tal decreto, quedarán establecidas de pleno derecho las garantías suspendidas».
Cuando el Gobierno renovó la primera vez régimen de excepción, no rompió el orden constitucional. A partir de la tercera vez, el Gobierno rompe el orden constitucional. Lo respeta parcialmente, porque cada vez emite un decreto, pero ya está fuera de los tiempos establecidos por el artículo 30.
Los voceros del Gobierno actual aseguran públicamente que han terminado con el problema de las pandillas en El Salvador y, al hacerlo, van al encuentro del artículo n. 31 que dice: «Cuando desaparezcan las circunstancias que motivaron la suspensión de las garantías constitucionales, la Asamblea Legislativa o el Consejo de Ministros, según el caso, deberá restablecer tales garantías». Se nota una aparente contradicción. Si se ha terminado con el problema de las maras, ¿por qué no se restablece el orden constitucional?
Por consiguiente, el orden constitucional se ha roto al no respetarse los artículos 30 y 31 de la Constitución. El presidente y su Gobierno se posicionan por encima de la Ley. Además, se rompe en sus efectos, es decir, al violentar los derechos de las personas capturadas injustamente durante el tiempo que dura el régimen de excepción.
Al decir lo anterior, no se niega la bondad fáctica que la medida ha tenido en la población, ni queremos ir en contra de los beneficios que esto ha supuesto para miles de salvadoreños. Pero no se logra resolver la cuestión del régimen político que prefieren o desean los salvadoreños, para el futuro de la república.
Entramos así a un callejón que tiene dos salidas: optar por un Gobierno constitucional o bien optar por un Gobierno arbitrario. No es una decisión fácil. Si se renuncia al Gobierno constitucional se desemboca en el despotismo. El presidente se convertiría así en un déspota, literalmente una «persona que gobierna sin sujeción a ley alguna». Si el Gobierno no es un Gobierno de leyes, es el imperio de una voluntad absoluta. El principio democrático se torna monocrático. Probablemente esta disyuntiva no interese a muchos salvadoreños. A nosotros sí nos interesa.
Estamos llamados a resolver una cuestión que atraviesa siglos de historia, es decir: «si las sociedades humanas son capaces o no de establecer un buen gobierno, valiéndose de la reflexión y porque opten por él, o si están por siempre destinadas a fundar en el accidente o la fuerza sus constituciones políticas» (Alexander Hamilton, “El Federalista”, I). Cobra fuerza así la lamentación Hamilton: «casi todos los hombres que han derrocado las libertades de las repúblicas empezaron su carrera cortejando servilmente al pueblo: se iniciaron como demagogos y acabaron en tiranos» (Ibídem.).
Retorna a nuestra mente la frase de Aristóteles: «El que no puede vivir en sociedad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino una bestia o un dios» (Política, Libro 1, § 2). Vale decir, el que no respeta la ley o es un Dios o es una bestia. Esto interesa a todos los salvadoreños.

LA UNIVERSIDAD DONDE TRABAJO EN EL SALVADOR

LA UNIVERSIDAD DONDE ESTUDIE Y DONDE INICIE LA DOCENCIA

Seguidores