jueves, 26 de agosto de 2021

Idolatría del dinero y divinización del mercado en el magisterio social del Papa Francisco

 


Por: Juan Vicente Chopin

 

1.      La concepción de un Dios trascendente ha sido sustituida por una forma materializada del mismo, entendiendo por tal la divinización de la riqueza. El Papa Francisco, sumándose a los críticos de la racionalidad instrumental, no cree en las formas mágicas de resolver los problemas de la sociedad: «conviene evitar una concepción mágica del mercado, que tiende a pensar que los problemas se resuelven sólo con el crecimiento de los beneficios de las empresas o de los individuos» (Laudato Si’, n. 190).

 

2.      Para lograr el propósito del n. 1 de esta nota, desarrollamos una de las tesis centrales del magisterio del Papa Francisco, la que reza de la siguiente manera: «Una de las causas de esta situación se encuentra en la relación que hemos establecido con el dinero, ya que aceptamos pacíficamente su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades. La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano. La crisis mundial, que afecta a las finanzas y a la economía, pone de manifiesto sus desequilibrios y, sobre todo, la grave carencia de su orientación antropológica que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo» (Evangelii Gaudium, n. 55).

 

3.      La tesis relativa a la crisis antropológica de la idolatría del dinero es desarrollada en los cuatro «no» del Papa contra el capitalismo salvaje:

 

a) «No a una economía de la exclusión» (Ibídem, nn. 53-54). «Así como el mandamiento de “no matar” pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir “no a una economía de la exclusión y la inequidad”. Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa». El argumento central de este primer «no» se apoya en las tesis sociológicas de Zygmunt Bauman; en particular «la cultura del descarte». Además, sostiene que dicha exclusión «expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante». Según esto: «La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera».

 

b) «NO A LA NUEVA IDOLATRÍA DEL DINERO» (Ibídem, nn. 55-56). La idea central aquí es la que aparece en la tesis expresada en el segundo numeral de esta nota: la crisis antropológica. El numeral 56 es una explanación de esa tesis, y reza de la siguiente manera: «Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta».

 

c) «NO A UN DINERO QUE GOBIERNA EN LUGAR DE SERVIR» (Ibídem, nn. 57-58). En este «no» el argumento se centra en la ética: «Tras esta actitud se esconde el rechazo de la ética y el rechazo de Dios. La ética suele ser mirada con cierto desprecio burlón. Se la siente como una amenaza, pues condena la manipulación y la degradación de la persona. En definitiva, la ética lleva a un Dios que espera una respuesta comprometida que está fuera de las categorías del mercado». Así, la exhortación va en la línea de actuar bajo una ética en favor de la dignidad humana: «Una reforma financiera que no ignore la ética requeriría un cambio de actitud enérgico por parte de los dirigentes políticos, a quienes exhorto a afrontar este reto con determinación y visión de futuro, sin ignorar, por supuesto, la especificidad de cada contexto. ¡El dinero debe servir y no gobernar! El Papa ama a todos, ricos y pobres, pero tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos. Os exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano».

 

d) «NO A LA INEQUIDAD QUE GENERA VIOLENCIA» (Ibídem, nn. 59-60). Las ideas principales de este cuarto «no» son las siguientes: «En muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia. Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión. Cuando la sociedad —local, nacional o mundial— abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad. Esto no sucede solamente porque la inequidad provoca la reacción violenta de los excluidos del sistema, sino porque el sistema social y económico es injusto en su raíz. Así como el bien tiende a comunicarse, el mal consentido, que es la injusticia, tiende a expandir su potencia dañina y a socavar silenciosamente las bases de cualquier sistema político y social por más sólido que parezca». En el fondo -continúa diciendo el Papa- «los mecanismos de la economía actual promueven una exacerbación del consumo, pero resulta que el consumismo desenfrenado unido a la inequidad es doblemente dañino del tejido social. Así la inequidad genera tarde o temprano una violencia que las carreras armamentistas no resuelven ni resolverán jamás. Sólo sirven para pretender engañar a los que reclaman mayor seguridad, como si hoy no supiéramos que las armas y la represión violenta, más que aportar soluciones, crean nuevos y peores conflictos».

 

4.      IDOLATRÍA DEL DINERO EN LA MISMA IGLESIA CATÓLICA. Pero la idolatría del dinero y la divinización del mercado no se da solamente fuera de la Iglesia. También en ella se produce ese desorden. Iniciando su pontificado, por ejemplo, el Papa Francisco ha tenido que destituir al llamado «obispo del lujo», el alemán Franz-Peter Tebartz-van Elst, obispo de Limburgo. Este obispo había construido su residencia episcopal a un valor de 31 millones de euros. El Papa lo destituyó de su cargo el 23 de octubre de 2013. Últimamente, el Papa procesa judicialmente al cardenal Giovanni Angelo Becciu, acusado de corrupción con fondos de la Santa Sede. La primera audiencia se realizó el martes 27 de julio del corriente año. Y hay otros procesos para depurar no solo al Banco Vaticano, sino también a la Curia Romana, es decir, al aparato burocrático de la Santa Sede. Se piensa que si el Papa supiera quiénes son los prelados (sacerdotes, obispos, cardenales, etc.) y los laicos involucrados en corrupción eclesiástica, sin duda los destituiría de sus cargos.

 

5.      EL BECERRO DE ORO A LAS CRIPTO MONEDAS. La maldita sed del dinero («auri sacra fames») de la que hablaba Virgilio es muy antigua. Se preguntaba el poeta Virgilio, el guía de Dante por el Infierno: «¿a qué llevas a los pechos mortales, maldito deseo del oro?» (Eneida, III, 56-57). La idolatría o fetichismo del dinero y la divinización del merado es una sed desmesurada por la riqueza.

 

a)      EL BECERRO DE ORO. Es común en la tradición cristiana referirse al famoso pasaje bíblico del Éxodo (Capítulo 32) para ilustrar el tipo de idolatría que sustituye el verdadero culto a Dios por una realidad material o, peor aún, que utiliza el nombre de Dios, para justificar los propios intereses y ambiciones. Estamos en el contexto de las primeras conformaciones de los códigos de leyes que van a regir al Pueblo de Israel. En este momento el protagonista es Yahvé y los patriarcas. En concreto los hermanos Moisés y Aarón.

Una de las principales prescripciones de este código decía: «No haréis junto a mí dioses de plata, ni os haréis dioses de oro» (Éxodo 20,23). Esa fue la prescripción que los israelitas no respetaron.

Por instrucciones de Yahvé, Moisés subió al monte Sinaí para recibir las tablas de piedra escritas por el dedo de Dios. Pero Moisés tardaba en bajar del monte. Entonces el pueblo pidió a Aarón que les hiciera un dios que fuera delante de ellos. Así lo hizo Aarón, construyó el becerro con las joyas ofrecidas por el pueblo. Y se dijeron: «Este es tu Dios, Israel, el que te ha sacado de la tierra de Egipto» (Éxodo 32,4). La sustitución de un Dios por otro estaba hecha. Yahvé monta en cólera y ordena a Moisés bajar del monte para ver lo que había sucedido, puesto que pretende aniquilarlos. Moisés trató de aplacar la ira de Yahvé y éste accede a su petición de no destruir a Israel, aunque después se dice que sí hubo castigo.

Es interesante que, al llegar al campamento, Moisés rompe las tablas de la Ley, destruye al becerro haciéndolo ceniza, la cual mezcla con agua y la da a beber a los idólatras. Es cierto modo hace responsable a los israelitas de su idolatría. Beber la mezcla de agua con la ceniza del ídolo es asumir la consecuencia de su decisión, lo cual queda evidenciado cuando Moisés discute con Aarón por haber construido el becerro y este le da una respuesta taxativa: «Tú mismo sabes que este pueblo es inclinado al mal» (Éxodo 32,22).

Al mantenerse en la idolatría, Moisés se une con los levitas para asesinar a los idólatras. Fueron asesinados tres mil hombres. El relato termina diciendo: «Y Yahvé castigó al pueblo a causa del becerro fabricado por Aarón» (Éxodo 32,35). Este dato también es importante, puesto que, como afirma el Papa Francisco, la ambición entre hermanos casi siempre termina en violencia.

El análisis de este pasaje deja en evidencia algunas cuestiones: 1. El becerro es una construcción humana, con connotaciones divinas, pero a medida de sus propios intereses. Y como tal, es dado a beber el caldo de sus desechos para que los idólatras asuman sus propias responsabilidades. Si ese es su Dios, no se puede culpar al Dios trascendente de sus propias decisiones. 2. La ruptura del código rompe la alianza entre lo inmanente y lo trascendente. Estas dos divinidades son incompatibles. 3. La dialéctica entre el ídolo y el Dios trascendente genera un conflicto: los partidarios de Yahvé dan muerte a los idólatras. Surge así una casta sacerdotal. La inclinación al mal hace que el pueblo use a conveniencia las formas idolátricas de la divinidad y la trascendencia de esta.

 

b)      ARISTÓTELES Y LOS ORÍGENES DE LOS MERCADOS ESPECULATIVOS. Sin embargo, el primero que explicó sistemática y secularmente las funciones del dinero fue Aristóteles. En su teoría política, la crematística (del griego χρηματιστική, que es la capacidad de generar o ganar dinero; su raíz es χρηματα, palabra relativa a los bienes, a las cosas y al dinero; de ahí la palabra «crematística») se refiere a la distinción básica entre economía doméstica y economía comercial. La economía doméstica es la que sirve para subsanar las necesidades vitales y fundamentales de una persona y extensivamente de una familia. En cambio, la economía comercia es la sirve para intercambiar productos con el dinero que sobra, una vez subsanadas las necesidades fundamentales de las que habla la economía doméstica. Es un dinero especulativo. Por tanto, estamos en los orígenes de lo que en tiempos modernos se llama la bolsa de valores, es decir, las formas más especulativas de realizar transacciones financieras, cuya última versión son las criptomonedas.

 

c)      DIOS Y CÉSAR EL DIVINO. La tendencia de los políticos que detentan el poder de un Estado a divinizar su persona o a adjudicarse un contacto privilegiado con Dios, procede de los tiempos imperiales. El mismo Jesús se vio obligado a distinguir entre el culto a Dios y el culto al emperador. En cierta parte de los relatos evangélicos se dice que los fariseos intentaron timar a Jesús. Enviaron a sus discípulos a preguntarle si era lícito pagar el tributo al emperador romano (cf. Mateo 22,17). A lo que Jesús respondió: «Hipócritas, ¿por qué me tientan? Muéstrenme la moneda del tributo. Ellos le presentaron un denario. Y les dice: “De quién es esta imagen y la inscripción?” Le dicen: “Del César”. Entonces les dice: “Pues lo del César devuélvanselo al César, y lo de Dios a Dios» (Mateo 22,18-21). Queda claro en la respuesta de Jesús que, quien quiera maliciosamente identificar o confundir su poder político con una supuesta envestidura divina es un perverso y un engañador. Surgen así, en la tradición cristiana personajes que caen en el colmo incluso de querer comprar la gracia de Dios. Es el caso de Simón mago, quien al ver los milagros y prodigios que realizaba Felipe en la región de Samaria, quería comprarle el don que el apóstol tenía. El texto dice que Simón «practicaba la magia y tenía atónito al pueblo de Samaria y decía que él era algo grande. Y todos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención y decían: “Éste es la Potencia de Dios» (Hechos 8,9-10). Emocionado Simón les ofrece dinero a los apóstoles y les dice: «Dadme a mí también ese poder para que reciba el Espíritu Santo aquel a quien yo imponga las manos» (Hechos 8,19). Entonces, Pedro le dice: «Vaya tu dinero a la perdición y tú con él; pues has pensado que el don de Dios se compra con dinero» (Hechos 8,20). Los hombres de poder en este mundo quieren ser como dioses, porque la lógica del poder así funciona, no conoce límites. Se repite así la tentación primordial que Satán hace a Adán y a Eva: «Seréis como dioses» (Génesis 3,5).

 

d)      FETICHISMO DE LA MERCANCÍA Y DEL DINERO EN KARL MARX. Por definición, un fetiche, es un objeto material que representa a un ser sobrenatural al que se atribuye el poder de gobernar una parte de las cosas o de las personas, y al que se adora y se rinde culto.

 

En la sección primera de su obra «El Capital», titulada MERCANCÍA Y DINERO, capítulo I (LA MERCANCÍA), K. Marx desarrolla un apartado titulado «El fetichismo de la mercancía, y su secreto» (Marx, pág. 36). En ese apartado relaciona sus tesis de economía política con conceptos teológicos. Afirma: «A primera vista, parece como si las mercancías fuesen objetos evidentes y triviales. Pero, analizándolas, vemos, que son objetos muy intrincados, llenos de sutilezas metafísicas y de resabios teológicos» (Marx, pág. 36). Se pregunta: «¿De dónde procede el carácter misterioso que presenta el producto del trabajo, tan pronto como reviste forma de mercancía?» (Marx, pág. 37). A lo cual responde: «El carácter misterioso de la forma mercancía estriba, por tanto, pura y simplemente, en que proyecta ante los hombres el carácter social del trabajo de éstos como si fuese un carácter material de los propios productos de su trabajo, un don natural social de estos objetos y como si, por tanto, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los mismos objetos, al margen de sus productores. Este quid pro quo [una cosa por otra] es lo que convierte a los productores de trabajo en mercancía, en objetos físicamente metafísicos o en objetos sociales» (Marx, pág. 37-38).

Se llega así a su concepto de «fetiche»: «Lo que aquí reviste, a los ojos de los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre objetos materiales no es más que una relación social concreta establecida entre los mismos hombres. Por eso, si queremos encontrar una analogía a este fenómeno, tenemos que remontarnos a las regiones nebulosas del mundo de la religión, donde los productos de la mente humana semejan seres dotados de vida propia, de existencia independiente, y relacionados entre sí y con los hombres. Así acontece en el mundo de las mercancías con los productos de la mano del hombre. A esto es a lo que yo llamo el fetichismo bajo el que se presentan los productos del trabajo tan pronto como se crean en forma de mercancías y que es inseparable, por consiguiente, de este modo de producción» (Marx, pág. 38).

Uno de los mejores intérpretes de esta tesis marxiana es Bolívar Echeverría. Según este autor: «Un fetiche es una acción, una palabra o una cosa que sirve de instrumento para lograr un hechizo (feitiço), es decir, para provocar la actualización de los sobrenatural en una situación singular concreta. Es un instrumento como cualquier otro, pero es además mágico: su efectividad rebasa la efectividad reconocida como natural por la sociedad. Su presencia real es así necesariamente doble o “mística”, a un tiempo profana y sagrada, material y espiritual, terrenal y celestial» (Echeverría, pág. 98). En este sentido, «el fetichismo consiste en la necesidad de hacer que fuerzas “sobrenaturales” -es decir, ininteligibles, y “lo natural” es “lo inteligible en principio”- intervengan en la realización de la vida humana, ningún mundo es más “fetichista” que el mundo moderno».

Por tanto, «a diferencia de otros mundos, menospreciados por “supersticiosos” e “irracionales”, en los que, sin embargo, los individuos sociales entablan ellos mismos sus relaciones, en obediencia a una hipótesis mitológica propia, en el mundo moderno los individuos sociales no podrían relacionarse entre sí si no fuera por la intervención socializadora, incontrolable e incomprensible para ellos, de las mercancías y su circulación… Las mercancías son los fetiches modernos porque, al igual que en los objetos mágicos, su realidad “profana” -su valor por el trabajo y su valor para el disfrute- se encuentra subsumida bajo su realidad “sagrada”, la de ser los agentes de la socialización (capitalista) de los individuos sociales» (Echeverría, pág. 99).

Así, el dinero es dos veces fetiche. En primer lugar, «la facilidad con que es intercambiable hace de su concreción una concreción evanescente: en cualquier lugar en cualquier momento puede dejar la concreción que tiene y pasar a tener cualquier otra concreción. En segundo lugar, sirve de representante a todos los demás “cuerpos” de mercancía. Este valor de uso socialmente adjudicado convierte al “cuerpo” de mercancía dinero en la corporeidad del valor en general, es decir, en el equivalente universal o metro en referencia al cual se miden los valores de cambio (precios) de todas las mercancías» (Echeverría, pág. 102-103).

 

e)      IDOLATRÍA DE LA POLÍTICA Y DE LA RIQUEZA SEGÚN SAN ÓSCAR ARNULFO ROMERO.  También san Óscar Romero ha desarrollado ampliamente la cuestión de la idolatría del dinero. Sostiene que «cuando se absolutiza un valor humano dándole, teórica o prácticamente, un carácter divino, se priva al hombre de su más alta vocación e inspiración y se empuja la cultura de un pueblo hacia una verdadera idolatría que lo mutila y lo oprime» (Misión de la Iglesia en medio de la crisis, 6 de agosto de 1979, n. 42).

Así, «la absolutización de la riqueza y de la propiedad lleva consigo la absolutización del poder político, social y económico, sin el cual no es posible mantener los privilegios aún a costa de la propia dignidad humana. En nuestro país, esta idolatría está en la raíz de la violencia estructural y de la violencia represiva y es, en último término, la causante de gran parte de nuestro subdesarrollo económico, social y político» (Ibídem, n. 45).

Finalmente, sentencia: «¿Qué otra cosa es la riqueza cuando no se piensa en Dios? Un ídolo de oro, un becerro de oro, y lo están adorando, se postran ante él, le ofrecen sacrificios. ¡Qué sacrificios enormes se hacen ante esta idolatría del dinero!; ¡no sólo sacrificios, sino iniquidades! Se paga para matar, se paga el pecado y se vende, todo se comercializa, todo es lícito ante el dinero» (Homilía: 11 de septiembre de 1977).

 

6.      LAS FORMAS ESPECULATIVAS DE LA RIQUEZA Y SU HUMANIZACIÓN. En las formas realizadas del capitalismo contemporáneo: ¿es posible humanizar los sistemas económicos? La crítica del Papa Francisco al sistema capitalista no busca el retorno a las formas primitivas de la existencia. De hecho, reconoce que «la tecnología ha remediado innumerables males que dañaban y limitaban al ser humano» (Laudato Si’, n. 102). Sus planteamientos se inscriben en un diálogo crítico con el mundo contemporáneo.

 

a)      NECESIDAD DE UNA REVOLUCIÓN CULTURAL. «Lo que está ocurriendo nos pone ante la urgencia de avanzar en una valiente revolución cultural. La ciencia y la tecnología no son neutrales, sino que pueden implicar desde el comienzo hasta el final de un proceso diversas intenciones o posibilidades, y pueden configurarse de distintas maneras. Nadie pretende volver a la época de las cavernas, pero sí es indispensable aminorar la marcha para mirar la realidad de otra manera, recoger los avances positivos y sostenibles, y a la vez recuperar los valores y los grandes fines arrasados por un desenfreno megalómano» (Laudato Si’, n. 114).

 

b)      SUPERAR EL PARADIGMA TECNOCRÁTICO. 1) Superación del paradigma tecnocrático. El Papa constata: «hoy el paradigma tecnocrático se ha vuelto tan dominante que es muy difícil prescindir de sus recursos, y más difícil todavía es utilizarlos sin ser dominados por su lógica» (Laudato Si’, n. 108). En otras palabras «el antropocentrismo moderno, paradójicamente, ha terminado colocando la razón técnica sobre la realidad» (Laudato Si’, n. 115). Uno de los pasos que impone la búsqueda de un sistema económico alternativo es la «renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio» (Laudato Si’, 11) y al mismo tiempo reconocer que se ha dado una excesiva «confianza irracional en el progreso y en la capacidad humana» (Laudato Si’, n. 19). En definitiva, se trata de «terminar hoy con el mito moderno del progreso material sin límites» (Laudato Si’, 78). Entonces, nos dice el Papa, sumándose a los críticos de la racionalidad instrumental: «El problema fundamental es: el modo como la humanidad de hecho ha asumido la tecnología y su desarrollo junto con un paradigma homogéneo y unidimensional» (Laudato Si’, 106). Esto quiere decir que, en «el origen de muchas dificultades del mundo actual, está ante todo la tendencia, no siempre consciente, a constituir la metodología y los objetivos de la tecnociencia en un paradigma de comprensión que condiciona la vida de las personas y el funcionamiento de la sociedad» (Laudato Si’, 107). 2) LA PERVERSIÓN del paradigma tecnocrático. Tal perversión se da al mezclar en modo consciente técnica, economía y política. «La economía asume todo desarrollo tecnológico en función del rédito, sin prestar atención a eventuales consecuencias negativas para el ser humano. Las finanzas ahogan a la economía real. En algunos círculos se sostiene que la economía actual y la tecnología resolverán todos los problemas ambientales, del mismo modo que se afirma, con lenguajes no académicos, que los problemas del hambre y la miseria en el mundo simplemente se resolverán con el crecimiento del mercado. No es una cuestión de teorías económicas, que quizás nadie se atreve hoy a defender, sino de su instalación en el desarrollo fáctico de la economía. Quienes no lo afirman con palabras lo sostienen con los hechos, cuando no parece preocuparles una justa dimensión de la producción, una mejor distribución de la riqueza, un cuidado responsable del ambiente o los derechos de las generaciones futuras. Con sus comportamientos expresan que el objetivo de maximizar los beneficios es suficiente. Pero el mercado por sí mismo no garantiza el desarrollo humano integral y la inclusión social» (Laudato Si’, n. 109). «Es posible volver a ampliar la mirada, y la libertad humana es capaz de limitar la técnica, orientarla y colocarla al servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral» (Laudato Si’, n. 112).

 

c)      APOSTAR POR UN TRABAJO DIGNO PARA LAS PERSONAS. Sostiene el Papa que «ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo» (Laudato Si’, n. 128). Este principio es constantemente irrespetado por los gobernantes populistas, que no buscan la promoción de la persona, sino el rédito que sus dádivas les procuran en el ejercicio de su poder. Sin embargo, continúa el Papa: «los costes humanos son siempre también costes económicos y las disfunciones económicas comportan igualmente costes humanos. Dejar de invertir en las personas para obtener un mayor rédito inmediato es muy mal negocio para la sociedad» (Laudato Si’, n. 128).

 

d)      DIÁLOGO ENTRE POLÍTICA Y ECONOMÍA. Aunque parezca utópico o ingenuo, el Papa habla de la necesidad de un diálogo entre política y economía en beneficio del bien común: «La política no debe someterse a la economía y ésta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia. Hoy, pensando en el bien común, necesitamos imperiosamente que la política y la economía, en diálogo, se coloquen decididamente al servicio de la vida, especialmente de la vida humana. La salvación de los bancos a toda costa, haciendo pagar el precio a la población, sin la firme decisión de revisar y reformar el entero sistema, reafirma un dominio absoluto de las finanzas que no tiene futuro y que sólo podrá generar nuevas crisis después de una larga, costosa y aparente curación» (Laudato Si’, n. 189). La esperanza del Papa llega a niveles inusitados en la búsqueda de un mundo más humano, pero actualmente imbuido de violencia y rencor: «El amor, lleno de pequeños gestos de cuidado mutuo, es también civil y político, y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor» (Laudato Si’, n. 231).

 

e)      LA LIBERTAD Y LA COMPULSIÓN CONSUMISTA. En un mundo con predominancia de los paradigmas tecnocrático y tecnoeconómico, el ejercicio de la libertad se complejiza. «Dado que el mercado tiende a crear un mecanismo consumista compulsivo para colocar sus productos, las personas terminan sumergidas en la vorágine de las compras y los gastos innecesarios. El consumismo obsesivo es el reflejo subjetivo del paradigma tecnoeconómico. Ocurre lo que ya señalaba Romano Guardini: el ser humano “acepta los objetos y las formas de vida, tal como le son impuestos por la planificación y por los productos fabricados en serie y, después de todo, actúa así con el sentimiento de que eso es lo racional y lo acertado”. Tal paradigma hace creer a todos que son libres mientras tengan una supuesta libertad para consumir, cuando quienes en realidad poseen la libertad son los que integran la minoría que detenta el poder económico y financiero. En esta confusión, la humanidad posmoderna no encontró una nueva comprensión de sí misma que pueda orientarla, y esta falta de identidad se vive con angustia. Tenemos demasiados medios para unos escasos y raquíticos fines» (Laudato Si’, n. 203).

 

f)       NUEVAS FORMAS DE COLONIZACIÓN CULTURAL. Constata el Papa: «Un modo eficaz de licuar la conciencia histórica, el pensamiento crítico, la lucha por la justicia y los caminos de integración es vaciar de sentido o manipular las grandes palabras. ¿Qué significan hoy algunas expresiones como democracia, libertad, justicia, unidad? Han sido manoseadas y desfiguradas para utilizarlas como instrumento de dominación, como títulos vacíos de contenido que pueden servir para justificar cualquier acción… Son las nuevas formas de colonización cultural» (Fratelli Tutti, n. 14).

 

g)      POLÍTICA Y MARKETING VIOLENTO. Surge, en este contexto, una expresión agresiva del marketing y del ejercicio del poder: «La mejor manera de dominar y de avanzar sin límites es sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante, aun disfrazada detrás de la defensa de algunos valores. Hoy en muchos países se utiliza el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar. Por diversos caminos se niega a otros el derecho a existir y a opinar, y para ello se acude a la estrategia de ridiculizarlos, sospechar de ellos, cercarlos. No se recoge su parte de verdad, sus valores, y de este modo la sociedad se empobrece y se reduce a la prepotencia del más fuerte. La política ya no es así una discusión sana sobre proyectos a largo plazo para el desarrollo de todos y el bien común, sino sólo recetas inmediatistas de marketing que encuentran en la destrucción del otro el recurso más eficaz. En este juego mezquino de las descalificaciones, el debate es manipulado hacia el estado permanente de cuestionamiento y confrontación» (Fratelli Tutti, n. 14).

 

7.      CONCLUSIÓN. Una constante en la historia de la humanidad demuestra que, desde que se inventó el dinero, este puede proporcionar bienestar, pero también discordia y violencia entre las personas. Desde el trueque, pasando por títulos valores, los billetes, las transacciones bancarias y las monedas digitales, queda demostrado que una minoría vive felizmente y el resto trabaja para sostener los privilegios de esa élite acomodada. Es extremadamente raro encontrar un sistema socioeconómico que piense en el bienestar de la mayoría de los ciudadanos, la misma afirmación parece contradictoria. Cabe preguntarse si es posible imaginar el mundo de un modo diverso o si estamos condenados a la depredación que el capitalismo salvaje impone. En todo caso, el Papa ha dado su punto de vista al respecto.

 

8.      REFERENCIAS. Francisco, Exhortación Apostólica Evagelii Gaudium (24 de noviembre de 2013). Id., Carta Encíclica Laudato Si’ (24 de mayo de 2015); Id., Carta Encíclica Fratelli Tutti (3 de octubre de 2020). Karl Marx, El Capital. Crítica de la Economía Política, Vol. 1, Fondo de Cultura Económica, México 19993. Bolívar Echeverría, Discurso Crítico y Modernidad. Ensayos escogidos, Desde Abajo, Bogotá 2011. Oscar Arnulfo Romero, Carta Pastoral Misión de la Iglesia en medio de la crisis del país (6 de agosto de 1979), en Miguel Cavada Diez (ed.), Monseñor Óscar A. Romero, Tomo VII: Cartas pastorales, discursos y otros escritos, UCA Editores, San Salvador 2017, pp. 117-177.


domingo, 28 de marzo de 2021

ROMEREANDO POR CHALATE (Reseña de libro)


Mons. Oswaldo Escobar Aguilar
Obispo de Chalatenango


REFERENCIA DEL TEXTO: OSWALDO ESCOBAR AGUILAR, Romereando por Chalate. Chalatenango: “¿Qué está pasando allí?, Impresos Quijano, San Salvador 2021. 279 páginas.

TESIS CENTRAL DEL TEXTO: «Romero ha sido el primer obispo mártir canonizado después del Concilio Vaticano II. La tentación es hacerlo un santo de vitrina. Se santificó orando, y también celebrando los sacramentos. Pero se santificó también en las calles y en las visitas a los cantones» (p. 17). El argumento transversal que sostiene la tesis es la narración sistemática de las 21 comunidades que visitó el obispo Óscar Arnulfo Romero en el departamento de Chalatenango.
ESTRUCTURA DEL TEXTO: Consta de cinco partes, una conclusión y un breve apartado de anexos. Las primeras cuatro partes describen, siguiendo un criterio geográfico, la serie de visitas pastorales que hizo Óscar Arnulfo Romero. La quinta parte reporta el texto de tres homilías. Finalmente, presenta una amplia conclusión y dos anexos: el primero es un testimonio de una persona que fue torturada y a quien Romero apoyó y el segundo es el texto, en latín y castellano, de la Bula de constitución de la diócesis de Chalatenango.
FUENTES PRIMARIAS IDENTIFICADAS: a) Las homilías de Óscar Arnulfo Romero; b) Su Diario personal; c) Documentos inéditos de la diócesis; d) Testimonios orales y reportados por escrito.
VALORACIÓN CRÍTICA DEL TEXTO:
1. El autor del texto es un obispo. Ello le confiere un peso específico, en cuanto queda claro el apoyo y el aprecio del episcopado hacia el santo salvadoreño. Otras veces dicho apoyo no queda suficientemente expresado.
2. La tesis central del libro expresa la importancia de no arrinconar el legado romeriano, buscando por el contrario formas de aplicación de su pensamiento.
3. Deja muy claro el talante pastoral y misionero de Óscar Arnulfo Romero.
4. Una clave de lectura del martirio de Óscar Arnulfo Romero está en su encuentro temprano con la muerte de un sacerdote, Pbro. Nicolás Aguilar. Si bien el texto no desarrolla suficientemente ese punto, lo plantea como un pasaje importante en la vida del joven obispo Romero y en su posterior martirio.
5. Pone en evidencia aspectos basilares del ministerio pastoral de Óscar Arnulfo Romero: respeto de los derechos humanos, aprecio por las congregaciones religiosas femeninas y masculinas, exaltación del laicado, cultivo de las vocaciones sacerdotales, defensa de los sacerdotes, entre otros.
6. El uso de las fuentes primarias, en particular las homilías y el diario, es muy original. No son fuentes inéditas, pero ofrecen un enfoque localizado (desde Chalatenango). Es la primera vez que se hace un ejercicio de esa naturaleza.
7. El autor, entre líneas, nos deja entrever su vena romerista o romeriana. Por lo que parece, el autor está en condiciones de hacer aportes más rigurosos en la línea de buscar formas de aplicación de la herencia pastoral dejada por Óscar Arnulfo Romero.
8. Una desventaja que tiene el texto es que está focalizado en Chalatenango y para quien no esté familiarizado con el estilo de vida, la historia y el enfoque pastoral de esa diócesis, encontrará alguna dificultad para captar la riqueza del texto.
9. Finalmente, el texto está bien escrito. Lenguaje sencillo y con pocos errores tipográficos.
FRASES SOBRESALIENTES EN EL TEXTO:
• «Romero ha sido el primer obispo mártir canonizado después del Concilio Vaticano II. La tentación es hacerlo un santo de vitrina» (p. 17).
• «Podríamos decir que Chalatenango es el lugar del primer mártir salvadoreño y a la vez de nuestra área de Centro América» (p. 56).
• «Tengo la esperanza, como muchos la tienen, que nuestro Romero sea el primer doctor de la iglesia latinoamericana» (p. 73).
• «[Romero] gozó, sufrió y vivió la realidad del pueblo chalateco» (p. 106).
• «Romero, debido a las manipulaciones e ignorancias de muchos por no haberlo leído o estudiado, es considerado un enemigo declarado de las Fuerzas Armadas. Pero con toda certeza, sostenemos que tal visión es sesgada e incorrecta» (p. 189).
• «En Chalatenango fue el sitio donde Romero mejor ha concretizado su ministerio pastoral; su Iglesia soñada» (p. 266).
OPINIONES VERTIDAS ACERCA DEL TEXTO:
• «He examinado con atención los calificativos con los que se refiere nuestro autor al cuarto arzobispo de San Salvador: a los tres que todos repetimos de memoria -profeta, pastor y mártir- él añade: “el santo” o “nuestro santo”. Y lo es porque se encarnó en nuestra realidad» (Cardenal Gregorio Rosa Chávez, Prólogo, p. 12).
• «La vivencia de Monseñor Romero con las comunidades tienen como un punto esencial, la convivencia con la gente, con frecuencia en una atolada, en un café con pan o en una comida fraterna. A él le encantaban las atoladas. Pero también disfrutaba admirando la creatividad de nuestro pueblo expresada en las artesanías de La Palma y de otros lugares» (Ibídem).

martes, 2 de febrero de 2021

La dimensión política de la fe desde la opción por los pobres. Una experiencia eclesial en El Salvador, Centroamérica

     


Por: Mons. Oscar Arnulfo ROMERO

Discurso de Mons. Oscar Arnulfo Romero al recibir el doctorado honoris causa por la Universidad de Lovaina, pronunciado el 2 de febrero de 1980, 50 días antes de su asesinato. Considerado como su testamento teológico y político, este texto nos da lo esencial de su lectura del Evangelio y de su vida de fe.

 

Tema

Experiencia y reflexión que, de acuerdo con la amable sugerencia de la Universidad, tengo el honor de situar en el ciclo de conferencias que aquí se desarrolla sobre el sugestivo tema de la dimensión política de la fe cristiana. Desde luego, no pretendo decir, ni Vds, pueden esperar de mí, la palabra de un técnico en materia de política, ni tampoco la especulación con que un experto en teología relacionaría teóricamente la fe y la política.

Sencillamente voy a hablarles más bien como pastor, que, juntamente con su pueblo, ha ido aprendiendo la hermosa y dura verdad de que la fe cristiana no nos separa del mundo, sino que nos sumerge en él, de que la Iglesia no es un reducto separado de la ciudad, sino seguidora de aquel Jesús que vivió, trabajó, luchó y murió en medio de la ciudad, en la "polis".

En este sentido quisiera hablar sobre la dimensión política de la fe cristiana; en el sentido preciso de las repercusiones de la fe para el mundo y también de las repercusiones que la inserción en el mundo tiene para la fe.

 

Una Iglesia al servicio del mundo

Debemos estar claros desde el principio de que la fe cristiana y la actuación de la Iglesia siempre han tenido repercusiones socio-políticas. Por acción o por omisión, por la connivencia con uno u otro grupo social los cristianos siempre han influido en la configuración socio-política del mundo en que viven. El problema es cómo debe ser el influjo en el mundo socio-político para que ese influjo sea verdaderamente según la fe.

Como primera idea, aunque todavía muy general, quiero avanzar la intuición del Concilio Vaticano II que está a la base de todo el movimiento eclesial en la actualidad. La esencia de la Iglesia está en su misión de servicio al mundo, en su misión de salvarlo en totalidad, y de salvarlo en la historia, aquí y ahora. La Iglesia está para solidarizarse con las esperanzas y gozos, con las angustias y tristezas de los hombres. La Iglesia es, como Jesús. para "evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos, para buscar y salvar lo que estaba perdido" (LG 8).

 

El mundo de los pobres

Todos Vds. conocen estas palabras del Concilio. Varios de sus obispos y teólogos ayudaron mucho en los años sesenta para presentar de esta forma la esencia y misión de la Iglesia. Mi aporte consistirá en poner carne concreta a esas hermosas declaraciones desde la propia situación de un pequeño país latinoamericano, típico de lo que hoy se llama el Tercer Mundo. Y para decirlo de una vez y en una palabra que resume y concretiza todo, el mundo al que debe servir la Iglesia es para nosotros el mundo de los pobres.

Nuestro mundo salvadoreño no es una abstracción, no es un caso más de lo que se entiende por "mundo" en países desarrollados como el de Vds. Es un mundo que en su inmensa mayoría está formado por hombres y mujeres pobres y oprimidos. Y de ese mundo de los pobres decimos que es la clave para comprender la fe cristiana, la actuación de la Iglesia y la dimensión política de esa fe y de esa actuación eclesial. Los pobres son los que nos dicen qué es el mundo y cuál es el servicio eclesial al mundo. Los pobres son los que nos dicen qué es la "polis", la ciudad y qué significa para la Iglesia vivir realmente en el mundo.

Permítanme que desde los pobres de mi pueblo, a quienes represento, explique entonces brevemente la situación y actuación de nuestra Iglesia en el mundo en que vivimos, y reflexionar después desde la teología, sobre la importancia que ese mundo real, cultural y sociopolítico, tiene para la propia fe de la Iglesia.

 

1. Actuación de la Iglesia de la arquidiócesis de San Salvador

En los últimos años nuestra Arquidiócesis ha ido tomando una dirección en su actuación pastoral que sólo se puede describir y comprender como una vuelta al mundo de los pobres y a su mundo real y concreto.

 

a) Encarnación en el mundo de los pobres

Como en otros lugares de América Latina después de muchos años y quizás siglos han resonado entre nosotros las palabras del Éxodo:

"He oído el clamor de mi pueblo, he visto la opresión con que le oprimen" (Ex 3,9). Estas palabras de la Escritura nos han dado nuevos ojos para ver lo que siempre ha estado entre nosotros, pero tantas veces oculto, aun para la mirada de la misma Iglesia. Hemos aprendido a ver cuál es el hecho primordial de nuestro mundo y lo hemos juzgado como pastores en Medellín y Puebla. "Esa miseria, como hecho colectivo, es una injusticia que clama al cielo " (Medellín, Justicia, n. 1). Y en Puebla declaramos "como el más devastador y humillante flagelo, la situación de inhumana pobreza en que viven millones de latinoamericanos expresada por ejemplo en salarios de hambre, el desempleo y subempleo, desnutrición, mortalidad infantil, falta de vivienda adecuada, problemas de salud, inestabilidad laboral" (n. 29).

El constatar estas realidades y dejarnos impactar por ellas, lejos de apartarnos de nuestra fe, nos ha remitido al mundo de los pobres como a nuestro verdadero lugar, nos ha movido como primer paso fundamental a encarnarnos en el mundo de los pobres. En él hemos encontrado los rostros concretos de los pobres de que nos habla Puebla. (cfr. 31 -39). Ahí hemos encontrado a los campesinos sin tierra y sin trabajo estable, sin agua ni luz en sus pobres viviendas, sin asistencia médica cuando las madres dan a luz y sin escuelas cuando los niños empiezan a crecer. Ahí nos hemos encontrado con los obreros sin derechos laborales, despedidos de las fábricas cuando los reclaman y a merced de los fríos cálculos de la economía. Ahí nos hemos encontrado con madres y esposas de desaparecidos y presos políticos Ahí nos hemos encontrado con los habitantes de tugurios, cuya miseria supera toda imaginación y viviendo el insulto permanente de las mansiones cercanas.

En ese mundo sin rostro humano, sacramento actual del Siervo Sufriente de Yahvé, ha procurado encarnarse la Iglesia de mi Arquidiócesis. No digo esto con espíritu triunfalista, pues bien conozco lo mucho que todavía nos falta que avanzar en esa encarnación. Pero lo digo con inmenso gozo, pues hemos hecho el esfuerzo de no pasar de largo, de no dar un rodeo ante el herido en el camino sino de acercarnos a él como el buen samaritano.

Este acercamiento al mundo de los pobres es lo que entendemos a la vez como encarnación y como conversión. Los necesarios cambios al interior de la Iglesia, en la pastoral, en la educación, en la vida religiosa y sacerdotal, en los movimientos laicales, que no habíamos logrado al mirar sólo el interior de la Iglesia, lo estamos consiguiendo ahora al volvernos al mundo de los pobres.

 

b) El anuncio de la Buena Nueva a los pobres

Este encuentro con los pobres nos ha hecho nos ha hecho recobrar la verdad central del evangelio con que la palabra de Dios nos urge a conversión.

La Iglesia tiene una buena nueva que anunciar a los pobres. Aquellos que secularmente han escuchado malas noticias y han vivido peores realidades, están escuchando ahora a través de la Iglesia la palabra de Jesús: "El reino de Dios se acerca", "dichosos ustedes los pobres porque de ustedes es el reino de Dios". Y desde allí tiene también una Buena Nueva que anunciar a los ricos, que se conviertan al pobre para compartir con él los Bienes del Reino. Para quien conozca nuestro continente latinoamericano será muy claro que no hay ingenuidad en estas palabras ni menos aún opio adormecedor. Lo que hay en estas palabras es la coincidencia del anhelo de liberación de nuestro continente y la oferta del amor de Dios a los pobres. Es la esperanza que ofrece la Iglesia y que coincide con la esperanza a veces adormecida y tantas veces manipulada y frustrada, de los pobres del continente.

Es una verdad en nuestro pueblo que los pobres vean hoy en la Iglesia una fuente de esperanza y un apoyo a su noble lucha de liberación. La esperanza que fomenta la Iglesia no es ingenua ni pasiva. Es más bien un llamado desde la palabra de Dios a la propia responsabilidad de las mayorías pobres, a su concientización, a su organización en un país en que, unas veces con más intensidad que otras, está legal o prácticamente prohibida. Y es un respaldo, a veces también crítico, a sus justas causas y reivindicaciones.

La esperanza que predicamos a los pobres es para devolverles su dignidad y para animarles a que ellos mismos sean autores do su propio destino. En una palabra, la Iglesia no sólo se ha vuelto hacia el pobre sino que hace de él el destinatario privilegiado de su misión porque como dice Puebla "Dios toma su defensa y los ama (n. 1142).

 

c) Compromiso en la defensa de los pobres

La Iglesia no sólo se ha encarnado en el mundo de los pobres y les da una esperanza, sino que se ha comprometido firmemente en su defensa. Las mayorías pobres de nuestro país son oprimidas y reprimidas cotidianamente por las estructuras económicas y políticas de nuestro país. Entre nosotros siguen siendo verdad las terribles palabras de los profetas de Israel. Existen entre nosotros los que venden el justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; los que amontonan violencia y despojo en sus palacios; los que aplastan a los pobres; los que hacen que se acerque un reino de violencia, acostados en camas de marfil; los que juntan casa con casa y anexionan campo a campo hasta ocupar todo el sitio y quedarse solos en el país.

Estos textos de los profetas Amós e Isaías no son voces lejanas de hace muchos siglos, no son sólo textos que leemos reverentemente en la liturgia. Son realidades cotidianas, cuya crueldad e intensidad vivimos a diario. La vivimos cuando llegan a nosotros madres y esposas de capturados y desaparecidos, cuando aparecen cadáveres desfigurados en cementerios clandestinos, cuando son asesinados aquellos que luchan por la justicia y por la paz. En nuestra Arquidiócesis vivimos a diario lo que denunció vigorosamente Puebla: "Angustias por la represión sistemática o selectiva, acompañada de delación, violación de la privacidad, apremios desproporcionados, torturas, exilios. Angustias de tantas familias por la desaparición de sus seres queridos de quienes no pueden tener noticia alguna. Inseguridad total por detenciones sin órdenes judiciales. Angustias ante un ejercicio de la justicia sometida o atada"(n. 42).

En esta situación conflictiva y antagónica, en que unos pocos controlan el poder económico y político la Iglesia se ha puesto del lado de los pobres y ha asumido su defensa. No puede ser de otra manera, pues recuerda a aquel Jesús que se compadecía de las muchedumbres. Por defender al pobre ha entrado en grave conflicto con los poderosos de las oligarquías económicas y los poderes políticos y militares del estado.

 

d) Perseguida por servir a los pobres

Esta defensa de los pobres en un mundo seriamente conflictivo ha ocasionado algo nuevo en la historia reciente de nuestra Iglesia: la persecución. Vds. conocerán los datos más importantes. En menos de tres años más de cincuenta sacerdotes han sido atacados, amenazados y calumniados. Seis de ellos son mártires, muriendo asesinados; varios han sido torturados y otros expulsados. También las religiosas han sido objeto de persecución. La emisora del Arzobispado, instituciones educativas católicas y de inspiración cristiana ha sido constantemente atacadas, amenazadas intimidadas con bombas. Varios conventos parroquiales han sido cateados.

Si esto se ha hecho con los representantes más visibles de la Iglesia comprenderán ustedes lo que ha ocurrido al pueblo sencillo cristiano, a los campesinos, sus catequistas delegados de la palabra, a las comunidades eclesiales de base. Ahí los amenazados, capturados, torturados y asesinados se cuentan por centenares y miles. Como siempre también en la persecución ha sido el pueblo pobre cristiano el más perseguido.

Es, pues, un hecho claro que nuestra Iglesia ha sido perseguida en los tres últimos años. Pero lo más importante es observar por qué ha sido perseguida. No se ha perseguido cualquier sacerdote ni atacado a cualquier institución. Se ha perseguido y atacado aquella parte de la Iglesia que se ha puesto de lado del pueblo pobre y ha salido en su defensa. Y de nuevo encontramos aquí la clave para comprender la persecución a la Iglesia: los pobres. De nuevo son los pobres lo que nos hacen comprender lo que realmente ha ocurrido. Y por ello la Iglesia ha entendido la persecución desde los pobres. La persecución ha sido ocasionada por la defensa de los pobres y no es otra cosa que cargar con el destino de los pobres.

La verdadera persecución se ha dirigido al pueblo pobre, que es hoy el cuerpo de Cristo en la historia. Ellos son el pueblo crucificado, como Jesús, el pueblo perseguido como el Siervo de Yahvé. Ellos son los que completan en su cuerpo lo que falta a la pasión de Cristo. Y por esa razón, cuando la Iglesia se ha organizado y unificado recogiendo las esperanzas y las angustias de los pobres, ha corrido la misma suerte de Jesús y de los pobres: la persecución.

 

e) Esta es la dimensión política de la fe

Esta es en breves rasgos la situación y actuación de la Iglesia en El Salvador. La dimensión política de la fe no es otra cosa que la respuesta de la Iglesia a las exigencias del mundo real socio-político en que vive la Iglesia. Lo que hemos redescubierto es que esa exigencia es primaria para la fe y que la Iglesia no puede desentenderse de ella. No se trate de que la Iglesia se considere a sí misma como institución política que entra en competencia con otras instancias políticas, ni que posea unos mecanismos políticos propios; ni mucho menos se trata de que nuestra Iglesia desee un liderazgo político. Se trata de algo más profundo y evangélico; se trata de la verdadera opción por los pobres, de encarnarse en su mundo, de anunciarles una buena noticia, de darles una esperanza, de animarles a una praxis liberadora, de defender su causa y de participar en su destino. Esta opción de la Iglesia por los pobres es la que explica la dimensión política de su fe en sus raíces y rasgos más fundamentales. Porque ha optado por los pobres reales y no ficticios, porque ha optado por los realmente oprimidos y reprimidos, la Iglesia vive en el mundo de lo político y se realiza como Iglesia también a través de lo político. No puede ser de otra manera si es que, como Jesús, se dirige a los pobres...

 

2. Historización de la fe desde el mundo de los pobres

La actuación descrita de la Arquidiócesis ha partido claramente de la convicción de fe. La trascendencia del evangelio nos ha guiado en nuestro juicio y actuación. Desde la fe hemos juzgado de las situaciones sociales y políticas. Pero por otra parte es también verdad que precisamente en ese proceso de tomar postura ante la realidad socio-política tal cual es, la misma fe se ha ido profundizando, el mismo evangelio ha ido mostrando su riqueza. Sólo quisiera hacer ahora unas breves reflexiones sobre algunos puntos fundamentales de la fe que se han visto enriquecidos por esta encarnación real en el mundo socio-político.

 

a) Conciencia más clara del pecado

En primer lugar ahora sabemos mejor lo que es el pecado. Sabemos que la ofensa a Dios es la muerte del hombre. Sabemos que el pecado es verdaderamente mortal; pero no sólo por la muerte interna de quien lo comete, sino por la muerte real y objetiva que produce. Recordamos de esa forma el dato profundo de nuestra fe cristiana. Pecado es aquello que dio muerte al Hijo de Dios, y pecado sigue siendo aquello que da muerte a los hijos de Dios.

Esa fundamental verdad de la fe cristiana la vemos a diario en las situaciones de nuestro país. No se puede ofender a Dios sin ofender al hermano. Y la peor ofensa a Dios, el peor de los secularismos es, como ha dicho uno de nuestros teólogos: " el convertir a los hijos de Dios, a los templos del Espíritu Santo, al Cuerpo histórico de Cristo en víctimas de la opresión y de la injusticia, en esclavos de apetencias económicas, en piltrafas de la represión política; el peor de los secularismos es la negación de la gracia por el pecado, es la objetivización de este mundo como presencia operante de los poderes del mal, como presencia visible de la negación de Dios". (P. Ellacuría, Eca n. 353, p. 123).

No es por ello pura rutina que repitamos una vez mis la existencia de estructuras de pecado en nuestro país. Son pecado porque producen los frutos del pecado: la muerte de los salvadoreños, la muerte rápida de la represión o la muerte lenta, pero no menos real, de la opresión estructural. Por ello hemos denunciado la idolatrización que se hace en nuestro país de la riqueza, de la propiedad privada absolutizada en el sistema capitalista, del poder político en los regímenes de seguridad nacional en cuyo nombre se institucionaliza la inseguridad de los individuos (IV Carta Pastoral, nn. 43 - 48).

Por trágico que parezca, la Iglesia ha aprendido en su inserción en el mundo real socio-político a conocer y profundizar en la esencia del pecado. En ese mundo se desvela la más profunda esencia del pecado como la muerte de los salvadoreños.

 

b) Mayor claridad sobre la encarnación y la redención

En segundo lugar sabemos ahora mejor qué significa la encarnación, qué significa que y Jesús tomó carne realmente humana y que se hizo solidario de sus hermanos en el sufrimiento, en los llantos y quejidos, en la entrega. Sabemos que no se trata directamente de una encarnación universal, que es imposible, sino de una encarnación preferencial y parcial; una encarnación en el mundo de los pobres. Desde ellos podrá la Iglesia ser para todos, podrá también prestar un servicio a los poderosos a través de una pastoral de conversión; pero no a la inversa, como tantas veces ha ocurrido.

El mundo de los pobres con características sociales y políticas bien concretas, nos enseña dónde debe encarnarse la Iglesia para evitar la falsa universalización que termina siempre en connivencia con los poderosos. El mundo de los pobres nos enseña cómo ha de ser el amor cristiano, que busca ciertamente la paz, pero desenmascara el falso pacifismo, la resignación y la inactividad; que debe ser ciertamente gratuito pero debe buscar la eficacia histórica. El mundo de los pobres nos enseña que la sublimidad del amor cristiano debe pasar por la imperante necesidad de la justicia para las mayorías y no debe rehuir la lucha honrada. El mundo de los pobres nos enseña que la liberación llegará no sólo cuando los pobres sean puros destinatarios de los beneficios de gobiernos o de la misma Iglesia, sino actores y protagonistas ellos mismos de su lucha y de su liberación desenmascarando así la raíz última de falsos paternalismos aun eclesiales.

Y también el mundo real de los pobres nos enseña de qué se trata en la esperanza cristiana. La Iglesia predica el nuevo cielo y la nueva tierra; sabe además que ninguna configuración socio-política se puede intercambiar con la plenitud final que Dios concede. Pero ha aprendido también que la esperanza trascendente debe mantenerse con los signos de esperanza histórica, aunque sean signos aparentemente tan sencillos como los que proclama el tercer Isaías cuando dice que "construirán su casa y que la habitarán, plantarán viñas y comerán de sus frutos" (Is 65, 21). Que en esto haya una auténtica esperanza cristiana, que no se esté rebajando la esperanza a lo temporal y humano, como se dice a veces despreciativamente, se aprende en el contacto cotidiano de quienes no tienen casa ni viña, de quienes construyeron para que otros habiten y trabajan para que otros coman los frutos.

 

c) Fe más profunda en Dios y en su Cristo

En tercer lugar la encarnación en lo socio político es el lugar de profundizar en la fe en Dios y su Cristo. Creemos en Jesús que vino a traer vida en plenitud y creemos en un Dios viviente que da vida a los hombres y quiere que los hombres vivan en verdad. Estas radicales verdades de la fe se hacen realmente verdades y verdades radicales cuando la Iglesia se inserta en medio de la vida y de la muerte de su pueblo. Ahí se le presenta a la Iglesia, como a todo hombre, la opción más fundamental para su fe: estar en favor de la vida o de la muerte. Con gran claridad vemos que en esto no hay posible neutralidad. 0 servimos a la vida de los salvadoreños o somos cómplices de su muerte. Y aquí se da la mediación histórica de lo más fundamental de la fe: o creemos en un Dios de vida o servimos a los falsos de la muerte.

En nombre de Jesús queremos y trabajamos naturalmente para una vida en plenitud que no se agota en la satisfacción de las necesidades materiales primarias ni se reduce al ámbito de lo socio-político. Sabemos muy bien que la plenitud de vida se realiza históricamente en el honrado servicio a ese reino y en la entrega total al Padre. Pero vemos con igual claridad que en nombre de Jesús sería una pura ilusión, una ironía y, en el fondo, la más profunda blasfemia, olvidar e ignorar los niveles primarios de la vida, la vida que comienza con el pan, el techo, el trabajo.

Creemos con el apóstol Juan que Jesús es "la palabra de la Vida". (1 Jn 1,1) y que donde hay Vida ahí se manifiesta Dios. Donde el pobre comienza a vivir, donde el pobre comienza a liberarse, donde los hombres son capaces de sentarse alrededor de una mesa común para compartir, allí está el Dios de vida. Por ello cuando la Iglesia se inserta en el mundo socio-político para cooperar a que de é surja vida para los pobres no está alejándose de su misión ni haciendo algo subsidiario, sino que está dando testimonio de su fe en Dios, está siendo instrumento del Espíritu, Señor y dador de vida.

Esta fe en el Dios es lo que explica lo más profundo del misterio cristiano. Para dar vida a los pobres hay que dar de la propia vida y aún la propia vida. La mayor muestra de la fe en un Dios de vida es el testimonio de quien está dispuesto a dar su vida. "Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por el hermano" (Jn 15,13). Y esto es lo que vemos a diario en nuestro país.

Muchos salvadoreños y muchos cristianos están dispuestas a dar su vida para que haya vida para los pobres. Ahí están siguiendo a Jesús y mostrando su fe en él. Insertos como Jesús en el mundo real, amenazados y acusados como él, dando la vida como él están testimoniando la Palabra de la Vida.

Nuestra historia es, pues, antigua. Es la historia de Jesús que intentamos proseguir modestamente. Como Iglesia no somos expertos en política ni queremos manejar la política desde sus mecanismos propios. Pero la inserción en el mundo socio-político, en el mundo en que se juega la vida y la muerte de las mayorías, es necesaria y urgente para que podamos mantener de verdad y no sólo de palabra la fe en un Dios de vida y el seguimiento de Jesús.

 

Conclusión: Opción por los pobres: orientación de nuestra fe en medio de la política

Para terminar quisiera resumir lo central de lo expuesto hasta ahora. En la vida eclesial de nuestra Arquidiócesis la dimensión política de la fe, o si se quiere, la relación ente fe y política, no se ha ido descubriendo a partir de reflexiones puramente teóricas y previas a la misma vida eclesial. Naturalmente que tales reflexiones son importantes, pero no decisivas. Estas reflexiones se hacen importantes y decisivas cuando recogen de verdad la vida real de la Iglesia. Hoy, el honor de expresar en este ambiente universitario mi experiencia pastoral me ha obligado a hacer esta reflexión teológica. La dimensión política de la fe se descubre y se la descubre correctamente más bien en una práctica concreta al servicio de los pobres. En esa práctica se descubre su mutua relación y su diferenciación. La fe es la que impulsa en un primer momento a encarnarse en el mundo socio-político de los pobres y a animar los procesos liberadores, que son también socio-políticos. Y esa encarnación y esa praxis a su vez concretizan los elementos fundamentales de la fe.

En lo que hemos expuesto aquí hemos delineado sólo los grandes rasgos de ese doble movimiento. Quedan naturalmente muchos temas por tratar. Se podría haber hablado de la relación de la fe con las ideologías políticas, en concreto con el marxismo. Se podría haber mencionado el tema candente entre nosotros de la violencia y su legitimidad. Esos temas son objeto constante de reflexión entre nosotros, y los enfrentamos en la medida en que se van haciendo problemas reales, y aprendemos a dar una solución dentro del mismo proceso.

En el breve tiempo que me ha tocado estar dirigiendo la Arquidiócesis han pasado ya cuatro gobiernos diferentes con diversos proyectos políticos. También las otras fuerzas políticas, revolucionarias y democráticas han crecido y evolucionado en estos años. La Iglesia por lo tanto ha tenido que ir juzgando de lo político desde dentro de un proceso cambiante. En el momento actual el panorama es ambiguo, pues por una parte están fracasando todos los proyectos provenientes del Gobierno. Mientras que está creciendo la posibilidad de una liberación popular.

Pero en lugar de detallarles todos los vaivenes de la política en mi país he preferido explicarles las raíces profundas de la actuación de la Iglesia en este mundo explosivo de lo socio-político. Y he pretendido esclarecerles el último criterio, que es teológico e histórico, para la actuación de la Iglesia en este campo: el mundo de los pobres. Según les vaya a ellos, al pueblo pobre, la Iglesia irá apoyando desde su especificidad uno u otro proyecto político.

Creemos que ésta es la forma de mantener la identidad y la misma trascendencia de la Iglesia. Insertarnos en el proceso socio-político real de nuestro pueblo, juzgar de él desde el pueblo pobre e impulsar todos los movimientos de liberación que conduzcan realmente a la justicia de las mayorías y a la paz para las mayorías. Y creemos que ésta es la forma de mantener la trascendencia e identidad de la Iglesia porque de esta forma mantenemos la fe en Dios.

Los antiguos cristianos decían: "Gloria Dei, vivens homo", (la gloria de Dios es el hombre que viva). Nosotros podríamos concretar esto diciendo: "Gloria Dei, vivens pauper". (La gloria de Dios es el pobre que viva). Creemos que desde la trascendencia del evangelio podemos juzgar en qué consiste en verdad la vida de los pobres; y creemos también que poniéndose del lado del pobre e intentando darle vida sabremos en qué consiste, la eterna verdad del evangelio.

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