jueves, 9 de febrero de 2017

LA SANGRE DE LOS MÁRTIRES FECUNDA LA TIERRA SALVADOREÑA

Epílogo al libro de Anselmo Palini:
El Salvador, una terra bagnata dal sangue dei martiri
Edición Italiana

Por: Juan Vicente Chopin

Jesús, el Mártir Fiel
El movimiento cristiano de los orígenes tiene que ver con un hecho sangriento. Según los Evangelios, Jesús no murió de muerte natural, sino asesinado. En este sentido no puede ser considerado simplemente como un «muerto», sino que se trata de una víctima. Así, en las primeras auto-comprensiones del cristianismo originario, a Jesús se le considera el Testigo fiel, el Primogénito de entre los muertos (Ap 1,5). Este hecho fundante da forma al modo de creer en la historia, en otras palabras es performativo. De tal suerte que no se puede, al mismo tiempo, autodefinirse como cristiano y negar el origen dramático de la fe  cristiana.
También la expansión del movimiento cristiano, más allá del contexto judío, tiene como detonante un hecho sangriento. Esteban, el líder del grupo de los helenistas cristianos, fue asesinado y sus discípulos en su huida predican el Evangelio más allá de Jerusalén (cf. Hch, cap. 6-8).
En ambos casos, tanto en el hecho fundante como en la expansión, los mártires son apreciados como punto de partida de una fe que se abre paso en la historia. Las mujeres que acompañaron a Jesús desde Galilea, con la Magdalena a la cabeza, tienen el cuidado de verificar dónde colocan el cuerpo del mártir (cf. Lc 23,55). Unos hombres piadosos sepultan a Esteban y hacen gran duelo por él (cf. Hc 8,2).
Por consiguiente, los mártires tienen un puesto central en el origen del movimiento cristiano y luego, en el origen de la Iglesia. Como sostienen los representantes de la teología de la cruz, la Iglesia nace del costado abierto de Jesús, nace bajo la cruz. La cruz deja de ser un lugar de tormento par convertirse en fuente de esperanza para los marginados.
Pero la tradición cristiana sostiene teológicamente que el martirio recrea a la Iglesia, es decir, que cada vez que se verifica un martirio, se da una regeneración de la Iglesia. El martirio tiene un alto valor sacramental, puesto que en él se funden el significante y lo significado. Lo más cerca que Dios puede estar de un pueblo es por medio del martirio. Ese aspecto es lo que llevó a I. Ellacuría a afirmar que «con Mons. Romero Dios pasó por El Salvador».


Martirio y eclesialidad responsable
Agustín de Hipona, uno de los que mejor ha explicado la cuestión del martirio, solía decir que la Iglesia camina entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios. Su intuición entró en el Concilio Vaticano II; así, en el n. 8 de la Lumen Gentium, se afirma que «así como Cristo, efectuó la redención en la pobreza y en la persecución, así la Iglesia está destinada a seguir ese mismo camino para comunicar a los hombres los frutos de la salvación».
Se comprende entonces que para la Iglesia no es opcional realizar su misión en pobreza y persecución, esa condición le viene impuesta por su origen histórico y por su naturaleza sacramental.
Ahora bien, para que la Iglesia pueda realizar esa misión en fidelidad a ese principio se requiere un ejercicio constante de la responsabilidad en la historia, es decir, debe asumir los dolores y sufrimientos del mundo como propios, pues con ello sigue los pasos de Jesús; en otras palabras, está llamada al ejercicio de la misericordia.
Cuando la Iglesia se toma en modo responsable su misión sacramental en la historia, esto casi siempre la lleva a enfrentarse con el mal que impera en el mundo. Pero, justamente en ese conflicto ella se conforma a su Señor, que no vino a ser servido, sino a servir (cfr. Mt 20,28). De modo que a la Iglesia responsable no le extraña que algunos de sus miembros sean torturados y asesinados por los poderes del mundo. De hecho, la Iglesia, en el período clásico del martirio, padeció bajo los emperadores romanos, y sigue padeciendo bajo los «emperadores» del mundo contemporáneo. Así, el martirio tiene continuidad en la historia, es decir, no se refiere solamente a los primeros siglos de la historia del cristianismo, sino que se refiere también a nuestros días.

De una teología del martirio a una teología martirial
Cuando se preparaba el documento de la Lumen Gentium, en la sede conciliar hubo una interesante discusión entre los padres conciliares, acerca de qué sería más pertinente, si hablar de la Iglesia como «Iglesia de los pobres» (Ecclesia pauperum) o como «Iglesia de los mártires» (Ecclesia Martyrum). Como sabemos prevaleció la opinión de los padres conciliares que defendían la Iglesia de los pobres. Así fue como iniciaron a tomar protagonismo las teologías contextuales elaboradas en condiciones de marginación. Para el caso latinoamericano, se comenzó a hablar de la Teología de la liberación, teniendo como punto de partida metodológico la fe vivida en condiciones de pobreza.
Inicialmente, la Teología de la Liberación no consideraba el martirio como tema de su reflexión. De hecho, G. Gutiérrez inició a hablar de martirio a partir de la introducción a la décima edición de su obra principal, en la que se refería ya no solo a la Iglesia de los pobres, sino también a la Iglesia de los mártires[1].
En el caso del martirio en El Salvador, que es el tema de que trata este texto, da inicio en modo sistemático con el asesinato del jesuita salvadoreño Rutilio Grande, en 1977. El padre Rutilio Grande seguía las líneas pastorales de Mons. Luis Chávez y González, el arzobispo a quien sucedió Mons. Romero y de los obispos, el que mejor ha sistematizado la cuestión social en El Salvador. Según este dato, en El Salvador, primero se dio la praxis pastoral a favor de los pobres, lo cual condujo al martirio, y en seguida vino la teología del martirio. Se dio como primer paso la praxis eclesial y luego vino el discurso teológico. Se trata de una teología martirial.
Al analizar los diversos casos de martirio que presenta este texto, podemos notar que proceden de diversos sectores sociales: sacerdotes, obispos, religiosas, campesinos, mujeres, teólogos de oficio, activistas sociales, etc. Esta variedad de procedencias dan prueba que la teología salvadoreña no se entendía en esos días como un discurso separado de la praxis, o como oficio de una elite ilustrada. En El Salvador confluyen: evangelización, teología y compromiso social. El ápice de esta interacción de factores se tiene en el martirio de Mons. Romero y de I. Ellacuría. Un pastor y un teólogo.

La esperanza que nace del martirio
Es paradójico, pero hay muertes que generan esperanza, como la muerte de los profetas, la de los luchadores sociales, la de los mártires. Es lo mismo que sucedió con la resurrección de Jesús, al modo como lo ve J. Sobrino, es decir, se le restituye dignidad a la víctima. Eso es lo que ha sucedido recientemente con la beatificación de Mons. Romero: la sangre de los mártires ha sido esparcida, ha fecundado la tierra y viene la cosecha.
Mons. Romero fue declarado mártir in odium fidei y caracterizado por el decreto de beatificación como: pastor según el corazón de Cristo; evangelizador y padre de los pobres; testigo heroico de los valores del Reino. Esto nos plantea una serie de cuestiones. En primer lugar, los que organizaron y financiaron el asesinato de Mons. Romero se declaran «cristianos», lo cual puede prestarse a una confusión en la criteriología canónica. En segundo lugar, la fe de Mons. Romero se especifica como amor a los pobres y se concreta en la defensa de la dignidad de la persona a partir de la virtud de la justicia. Sus asesinos no odian directamente su fe, sino la forma que esta adquiere en la historia. En todo caso, es admitido por el derecho canónico que trata esta materia, el que alguien sea declarado mártir por el ejercicio heroico de una de las virtudes cristinas. Por ello, se puede hablar de un nuevo modelo de santidad, vivido a partir de la virtud de la justicia (cf. J. M. Tojeira).
En todo caso, al ser reconocido el martirio de Mons. Romero, se supera el prejuicio ideológico anticomunista que califica de «comunista» a todo el que trabaja por la promoción social. Se propone un modelo de pastor que no pacta con los poderes que oprimen al pueblo y en cambio está con las mayorías empobrecidas. Se acentúa la categoría Reino de Dios, dándosele así a la Iglesia su justa colocación, al modo como lo decía I. Ellacuría, es decir, una Iglesia al servicio del Reino de Dios. Asistimos pues, a la magnífica oportunidad de refundar la Iglesia salvadoreña a partir de la sangre de los mártires. Orientarnos hacia una nueva primavera evangelizadora estructurada a partir del ejemplo y el legado de los mártires.

Los mártires nos interpelan
Pero, los mártires interpelan el estado actual de la Iglesia y de la sociedad en El Salvador. Hasta la fecha se desconoce el nombre de los autores intelectuales del asesinato de Mons. Romero y de muchos de los mártires de que trata este trabajo. Por tanto, aquello por lo que tanto lucharon los mártires, la justicia, sigue en entredicho.  Si bien su muerte, por vía negativa, obligó a los verdugos a exponer su cara a la opinión pública. La Positio Super Martyrio de Mons. Romero, por ejemplo, responsabiliza a sectores radicales de la oligarquía salvadoreña de su asesinato, sin que hasta la fecha se haya procesado a alguno de ellos.
Con frecuencia la figura de Mons. Romero es invocada por políticos para secundar sus puntos de vista. Estos políticos corren el riesgo de ser desenmascarados por la figura del mártir, sobre todo en los casos en que son acusados de corrupción. Sin embargo, este tipo de comportamiento suele generar discusiones infructuosas en la sociedad, incluso en ambientes católicos.
La persona de Mons. Romero ha sido bandera discutida. Esta discusión ha sido promovida tradicionalmente por los medios de comunicación de la oligarquía, que siempre han temido que se conozca la verdad sobre el caso Romero. Incluso han encontrado apoyo en sacerdotes y obispos que se prestaron a ese juego manipulador. Probablemente esto explique que hasta el presente, en muchas parroquias de El Salvador, el legado de Mons. Romero, no sea promovido en modo sistemático y determinado.
Finalmente, las diferencias sociales contra las que lucharon los mártires, se mantienen en el presente. Si bien se han tenido algunas mejorías, no hay duda que el sistema económico imperante es el mismo que provocó la crisis de los años 80’s del siglo pasado. El Salvador está sumergido en una crisis social, porque los sectores detentadores de los medios de producción se resisten a invertir en las zonas de riesgo y en los cinturones de miseria que circundan San Salvador. Además, los gobiernos de izquierda no han podido o no han querido realizar una revolución cultural que supere la corrupción, la injusticia y la marginación social.
La sangre de los mártires es un tesoro para la Iglesia y una fuente inspiradora de verdad y justicia para la sociedad. Sin embargo, hay que saber qué hacer con ese tesoro, en vistas a construir una Iglesia más creíble y una sociedad más justa y solidaria. Los mártires son los testigos fieles, los primogénitos resucitados de los muertos salvadoreños.



[1] G. Gutiérrez, Teología de la liberación. Perspectivas, Sígueme, Salamanca 1999, 49-50.

miércoles, 4 de enero de 2017

¿CÓMO FUE QUE MONS. ROMERO LLEGÓ A SER SANTO? LAS DIFICULTADES DE SU PROCESO CANÓNICO



Por: Juan Vicente Chopin.

La positio super martyrio del arzobispo Mons. Romero es una de las más extensas que se conoce. Cuenta con 1,167 páginas y un anexo iconográfico[1]. Esa cantidad de páginas da fe de lo difícil que fue para la Iglesia aprobar su martirio y su consiguiente beatificación.

El Relator General de la causa, Vincenzo Criscuolo, describe el proceso como accidentado, caracterizado por interrupciones y pausas, por concesiones y suspensiones del nihil ostat y por otras decisiones dilatorias, resueltas al final con actitudes y decisiones plenamente positivas, subrayadas y claramente manifestadas en las intervenciones de los sumos pontífices Benedicto XVI y Francisco[2]. El Relator General adelanta la mano asesina que privó de su vida a Mons. Romero: «era el odio profundo de la represión oligárquica que armó la mano del asesino»[3]. Dicho positivamente, a O. A. Romero lo mataron por su amor a la justicia y por su profunda caridad hacia los más débiles. Su defensa de los derechos humanos no se inscribe simplemente en una conciencia social o humanitaria, sino que lo hace desde una postura eminentemente evangélica. La acusación de politización de sus acciones proviene de sus detractores, entiéndase, los que estaban en ese momento pisoteando los derechos de los salvadoreños y en concreto los derechos de los más pobres.

La historia de la causa de beatificación relativa a la declaración de martirio aplicada al Siervo de Dios Mons. Romero da inicio en 1993. Concretamente, el 24 de marzo de 1993, el postulador diocesano enviaba al arzobispo de San Salvador el Supplex libellus, es decir, la petición formal para poder dar inicio a la causa. Por su parte, la Congregación para la Doctrina de la Fe da su nihil obstat, el 9 de junio de 1993.

Desde sus inicios la causa tiene dificultades para avanzar. La Congregación para el Clero recomienda, el 1 de julio de 1993, que de iniciar con esa causa, se estudie atentamente la documentación relativa al caso que ellos poseen en dicha congregación. El 3 de julio de 1993, Monseñor Jean-Louis Tauran comunica que el Papa ha dado su nihil obstat para empezar la causa. El 10 de julio de 1993, la Congregación para los Obispos dictamina que parecía oportuno sobreseer la apertura de la causa por un cierto tiempo, con el fin de no abrir contenciosos que se vivían, según ellos, tanto en El Salvador, como en el área centroamericana. Sin embargo, el 13 de septiembre de 1993 la Secretaría de Estado, que había recibido notificaciones discordantes respecto de la apertura de la causa, informa que si el Papa ha dado ya su nihil obstat que sería el desenvolvimiento del proceso mismo el que pondría de manifiesto los problemas que pudieran afectar la figura de Mons. Romero. Así, el 22 de septiembre de 1993 llega el nihil obstat ex parte Sanctae Sedis. El decreto de inicio de la causa es del 24 de marzo de 1994. En cambio, la investigación diocesana acerca del martirio del Siervo de Dios se realiza entre el 24 de marzo de 1994 y el 1 de noviembre de 1995.

El 20 de noviembre de 1996 se nombró como Postulador de la causa a Monseñor Vincenzo Paglia. El 25 de noviembre de 1996 llega el Decreto de Apertura del Proceso diocesano sobre el martirio del Siervo de Dios Mons. Romero. 

El 26 de abril de 1997, la Congregación para el Clero, regida por Darío Castrillón Hoyos desde el 15 de junio de 1996, advierte a la Congregación para las Causas de los Santos que Mons. Romero era instrumentalizado, además se afirma que el padre jesuita Jon Sobrino y otras personas habían construido una personalidad ficticia del Siervo de Dios, imagen que habría sustituido a la persona real en los medios de comunicación. Y se hacía la petición explícita de  aplazar, al menos durante un largo período, la promoción de la causa. Probablemente estas observaciones obligaron a la Congregación para las Causas de los Santos a recomendar cautela en las investigaciones relativas al martirio formal y material del Siervo de Dios. En todo caso, el 4 de julio de 1997, el proceso diocesano recibía el decreto de validez. Así, el 10 de julio de 1997, el Congreso Ordinario de la Congregación para las Causas de los Santos deja la causa en manos del Relator, el padre Daniel Ols.

Cuando ya se estaba elaborando la Positio, el 3 de marzo de 1998, la Congregación para la Doctrina de la Fe escribe, con firma del entonces cardenal Joseph Ratzinger, a la Congregación para las Causas de los Santos, manifestando que había recibido documentación sobre Mons. Romero, que después de estudiarla, lo llevaba a la decisión de hacer un detallado estudio de las homilías del arzobispo Mons. Romero. De modo que no obstante el nihil obstat del 9 de junio de 1993 en lo tocante a de vita et de moribus (vida y costumbres), se invitaba al Dicasterio que lleva la causa  a suspender el iter de la causa de canonización hasta la conclusión de susodicho estudio.

Con esto, la espera se prolonga y once años después, el 15 de noviembre de 2004, el cardenal Joseph Ratzinger, escribe al cardenal José Saraiva Martins, entonces prefecto para la Congregación para las Causas de los Santos, diciendo que la Congregación para la Doctrina de la Fe, después de estudiar detenidamente la documentación, decide hacer entrar en un Dilata (dilatar, posponer) la causa de beatificación de Mons. Romero. El motivo es que no obstante se considera ortodoxa la expresión de la fe del arzobispo, todavía la visión del marxismo en sus acciones pastorales, producía perplejidad a la Congregación para la Doctrina de la Fe.

El tiempo se dilata y para el año 2005, el cardenal Joseph Ratzinger es elegido Papa y se mantuvo en el cargo hasta el 28 de febrero de 2013, fecha de su renuncia.  Siete años después de haber sido decretado el Dilata de la causa de Mons. Romero, el 1 de abril de 2011, el cardenal William Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, escribe al cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, tras finalizar la Sesión ordinaria de esa Congregación, le comunica lo siguiente: 1) En los escritos de Mons. Romero no se aprecian errores doctrinales. Pero se detectan ambigüedades, más allá de las intenciones del candidato, debidas a influencias del pensamiento marxista, en lo que toca el método de análisis social y a la terminología; 2) Se mantienen los riesgos de instrumentalización del pensamiento y la figura de Mons. Romero; 3) Se mantiene el nihil obstat en lo referente a de vita et moribus, pero se confirma también el Dilata de la causa. Finalmente, el escrito dice también que el Papa Benedicto XVI aprobaba las decisiones mencionadas.

La causa se reanuda. A propósito de la carta del cardenal William Levada, el postulador de la causa de Mons. Romero, informa al Papa Benedicto XVI que se está en el proceso de estudio acerca de las observaciones ventiladas por W. Levada, en lo que toca la doctrina y la prudencia del arzobispo salvadoreño. El Papa, haciendo recurso a la verdad en este caso —pro veritate— revoca el Dilata que tenía bloqueada la causa y considera que ha llegado el momento de reanudar el iter de la causa de canonización del Siervo de Dios. En este sentido y ya en las postrimerías de su pontificado, habla con Mons. Gerhard Ludwig Müller, que había sido electo recientemente como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Ahora bien, G. L. Müller es un prelado muy cercano al contexto latinoamericano y en algún momento visitó los lugares del martirio de Mons. Romero. Así, el 24 de abril de 2013 la Congregación para la Doctrina de la Fe revoca el anterior Dilata de la causa.

Sucede así un impulso decisivo y el 13 de marzo de 2013, un papa latinoamericano llegaba a ocupar la sede de Pedro. Este acontecimiento dará el impulso definitivo al proceso de canonización de Mons. Romero.


[1] Congregatio de Causis Sanctorum, Positio Super Martyrio Ansgarii Arnolfi Romero. Archiepiscopi Sancti Salvatoris in America in odium fidei, uti fertur, interfecti (24.III.1980), Tipografía Nova Res, Roma 2014. Aparece como relator general Vincenzo Criscuolo, como postulador Vincenzo Paglia y como colaborador Roberto Morozzo della Rocca.
[2] Ibídem., X.
[3] Ibídem., XI.

martes, 19 de julio de 2016

ASPECTOS PRÁCTICOS DE LA SEGUNDA LEY DE LA TERMODINÁMICA



La termodinámica es una ciencia natural fundamental que trata varios aspectos de la energía, e incluso las personas que no se dedican a la técnica poseen un conocimiento básico sobre la energía y la primera ley de la termodinámica, ya que difícilmente algún aspecto de la vida no involucra transferencia o transformación de energía en diferentes formas. Por ejemplo, todas las personas que hacen dietas basan su estilo de vida en el principio de la conservación de energía. Aunque se comprenden con rapidez los aspectos de la primera ley de la termodinámica y sean fácilmente aceptados por la mayoría de las personas, no hay un conocimiento generalizado sobre la segunda ley de la termodinámica, y de hecho no son del todo apreciados los aspectos de ésta incluso por las personas que poseen fundamentos técnicos. Esto ocasiona que algunos estudiantes vean la segunda ley como algo que es de interés teórico en lugar de una importante y práctica herramienta de ingeniería. Como resultado, los estudiantes muestran poco interés en el estudio detallado de la segunda ley de la termodinámica, lo cual es desafortunado para ellos porque terminan con una perspectiva unilateral acerca de la termodinámica y carecen de la visión completa y equilibrada sobre la misma.
Muchos sucesos ordinarios que pasan inadvertidos pueden servir como excelentes vehículos para comunicar conceptos importantes de la termodinámica. Se intenta demostrar la relevancia de los conceptos de la segunda ley como exergía, trabajo reversible, irreversibilidad y la eficiencia según la segunda ley en diversos aspectos de la vida diaria mediante ejemplos con los que incluso las personas sin fundamentos técnicos pueden identificarse. La esperanza es que se refuerce la comprensión y apreciación de la segunda ley y que se motive para usarla más frecuentemente tanto en áreas técnicas como no técnicas. Al lector crítico se le recuerda que los conceptos presentados posteriormente son moderados y difíciles de cuantificar, y que se incluyen aquí para estimular el interés en el estudio de la segunda ley de la termodinámica y reforzar la comprensión y apreciación acerca de esta ley.
Los conceptos de la segunda ley se usan implícitamente en varios aspectos de la vida diaria, y muchas personas exitosas parecen hacer uso extenso de éstos aun sin comprenderlos. Además, hay un creciente reconocimiento de que la calidad juega un papel tan importante como la cantidad en las actividades diarias ordinarias. El siguiente párrafo apareció en un artículo de la Reno Gazette-Journal, el 3 de marzo de 1991:
El Dr. Held se considera un sobreviviente de la conspiración del tictac. Aproximadamente hace cuatro años, en una fecha cercana a su cumpleaños número 40, él trabajaba tarde con jornadas de 21 horas diarias, laborando fuera, cuidando de sus tres niños y practicando deportes. Dormía aproximadamente entre cuatro y cinco horas durante la noche. . . “Actualmente me voy a la cama a las 9:30 y me levanto a las 6”, afirma Held. “Hago el doble de lo que antes solía hacer. No tengo que hacer las cosas dos veces o leer tres veces algo antes de entenderlo.”

Esta declaración tiene una fuerte relevancia en el análisis de la segunda ley, ya que indica que el problema no es cuánto tiempo tenemos (primera ley), sino más bien qué tan eficazmente lo usamos (segunda ley). Que una persona consiga hacer más en menos tiempo no es diferente que un automóvil recorra más kilómetros con menos combustible.
En la termodinámica, el trabajo reversible para un proceso es definido como la salida máxima de trabajo útil (o la entrada mínima de trabajo) para ese proceso. Esto significa el trabajo útil que un sistema puede entregar (o consumir) durante un proceso entre dos estados especificados si ese proceso se ejecuta en una manera reversible (perfecta). La diferencia entre los trabajos reversible y útil real se debe a las imperfecciones, tal diferencia se denomina irreversibilidad (el potencial de trabajo desperdiciado). Para el caso especial del estado final correspondiente al estado muerto o al de los alrededores, el trabajo reversible se vuelve un máximo y se llama exergía del sistema en el estado inicial. La irreversibilidad para un proceso reversible o perfecto es cero.
En la vida diaria puede verse la exergía de una persona como el mejor trabajo que la persona puede realizar bajo las condiciones más favorables. El trabajo reversible en la vida diaria, por otro lado, puede verse como el mejor trabajo que una persona puede hacer bajo algunas condiciones especificadas. Entonces, la diferencia entre el trabajo reversible y el trabajo real llevado a cabo bajo esas condiciones puede verse como irreversibilidad o exergía destruida. En sistemas técnicos, se intenta identificar las fuentes con mayores irreversibilidades para minimizarlas y así maximizar el desempeño. En la vida cotidiana una persona debe hacer exactamente lo mismo para aumentar al máximo su desempeño.
La exergía de una persona en un momento y un lugar dados pueden ser vistos como la cantidad máxima de trabajo que pueden hacer en ese tiempo y lugar. La exergía es ciertamente difícil de cuantificar debido a la interdependencia de capacidades físicas e intelectuales de una persona. La habilidad de realizar tareas físicas e intelectuales simultáneamente incluso complica aún más las cosas. Obviamente la educación y la capacitación aumentan la exergía de una persona, mientras que el envejecimiento disminuye la exergía física. A diferencia de la mayor parte de las cosas mecánicas, la exergía de los seres humanos es una función de tiempo, por lo que la exergía física y/o intelectual de una persona se desperdiciará si no se utiliza en el momento adecuado. Un barril de petróleo no pierde nada de su exergía si se deja almacenado durante 40 años, pero una persona perderá mucha de su exergía total durante ese periodo si él o ella permanecen inmóviles.
Por ejemplo, un granjero que trabaje adecuadamente puede hacer uso total de su exergía física pero utilizar muy poco su exergía intelectual; por lo tanto, podría aprender un idioma extranjero o una ciencia escuchando algunos CD educativos al mismo tiempo que realiza su trabajo físico. Esto también se cumple para las personas que pasan un tiempo considerable en el automóvil al trasladarse a su trabajo. Se espera que algún día podamos hacer el análisis de la exergía para las personas y sus actividades, lo cual indicará a la gente la manera de minimizar su destrucción de exergía y conseguir hacer más en menos tiempo. Las microcomputadoras pueden realizar varias tareas a la vez, ¿por qué los seres humanos no son capaces de hacer lo mismo?
Los niños nacen con diferentes niveles de exergía (talentos) en diferentes áreas. Aplicarles exámenes de aptitud profesional en una edad temprana es simplemente un esfuerzo para descubrir la magnitud de sus “exergías”, o talentos ocultos. Entonces los niños se orientan hacia áreas en las que tienen mayor exergía. Una vez como adultos, es más probable que se desempeñen en niveles altos sin forzar sus posibilidades más allá de los límites si se adaptan naturalmente en esas áreas.
Es posible comparar el nivel de agudeza de una persona con su exergía en las tareas intelectuales. Cuando una persona descansa bien, el grado de agudeza, y por ende su exergía intelectual, está en un límite máximo y esta exergía disminuye con el tiempo cuando la persona se cansa, como se ilustra en la figura 8-49. Las diferentes tareas cotidianas requieren distintos niveles de exergía intelectual, de ahí que la diferencia entre la agudeza disponible y la requerida pueda considerarse como la agudeza desperdiciada o destrucción de exergía. Para minimizar esta destrucción de exergía debe haber un estrecho vínculo entre la agudeza disponible y la requerida.



Considere a un estudiante bien descansado que planea utilizar las próximas 4 horas para estudiar y ver una película que dura 2 horas. Desde el punto de vista de la primera ley, no hay diferencia en el orden en que se realizarán estas tareas, pero desde el punto de vista de la segunda ley representa mucha diferencia. De estas dos tareas, estudiar requiere más agudeza intelectual que la que se necesita para ver una película, por lo que tiene sentido termodinámico estudiar primero, cuando la agudeza es alta, y ver la película después, cuando la agudeza es menor, como se muestra en la figura. Un estudiante que realiza estas actividades de manera inversa desperdiciará una gran cantidad de agudeza viendo la película, como se ilustra en la figura 8-49, y tendrá que repasar más al estudiar debido a la insuficiente agudeza, por lo que conseguirá hacer menos en el mismo lapso.
En termodinámica, la eficiencia según la primera ley (o eficiencia térmica) de una máquina térmica se define como la relación entre la salida de trabajo neta y la entrada de calor total. Es decir, es la fracción del calor suministrado que se convierte en trabajo neto. En general, la eficiencia según la primera ley puede considerarse como la razón entre la salida deseada y la entrada requerida. La eficiencia según la primera ley no hace referencia al mejor desempeño posible y en consecuencia esta eficiencia por sí sola no es una medida realista del desempeño. Para superar esta deficiencia se define la eficiencia según la segunda ley, la cual es una medida del desempeño real relativo al mejor desempeño posible bajo las mismas condiciones. Para máquinas térmicas, la eficiencia según la segunda ley se define como la relación entre la eficiencia térmica real y la máxima eficiencia térmica posible (reversible) en las mismas condiciones.
En la vida diaria la eficiencia según la primera ley o el desempeño de una persona puede considerarse como el logro de esa persona en relación con el esfuerzo que dedica. Por otro lado, la eficiencia según la segunda ley de una persona es el desempeño de ésta en relación con su mejor desempeño posible de acuerdo con las circunstancias.
La felicidad se relaciona estrechamente con la eficiencia según la segunda ley. Los niños pequeños son probablemente los seres humanos más felices porque si se consideran sus limitadas capacidades, es poco lo que pueden hacer, aunque lo hacen bastante bien. Los niños tienen eficiencias según la segunda ley muy altas en su vida diaria. El término “vida plena” también se refiere a la eficiencia según la segunda ley. Se considera que una persona tiene vida plena, y por lo tanto una eficiencia según la segunda ley muy alta, si ha utilizado todas sus habilidades hasta el límite a lo largo de su vida.
Incluso una persona discapacitada tendrá que dedicar un esfuerzo considerable para lograr lo que una persona normal consigue, aun cuando logre menos con mayor esfuerzo, pero seguramente con un desempeño impresionante logrará más elogios. Así, es posible afirmar que esta persona discapacitada tuvo una baja eficiencia según la primera ley (logró poco con un gran esfuerzo) pero una muy alta eficiencia según la segunda ley (logró tanto como es posible de acuerdo con las circunstancias).
En la vida diaria la exergía puede considerarse también como las oportunidades que tenemos, mientras que la destrucción de exergía como las oportunidades desperdiciadas. El tiempo es el máximo activo, y el tiempo desperdiciado es la oportunidad desperdiciada para hacer algo útil (Fig. 8-50).

La segunda ley de la termodinámica tiene también interesantes ramificaciones filosóficas. La masa y la energía son cantidades conservadas, y están relacionadas con la primera ley de la termodinámica, mientras que la entropía y la exergía son cantidades no conservadas, y están relacionadas con la segunda ley. El universo que percibimos por nuestros cinco sentidos consiste en cantidades conservadas, y por lo tanto tendemos a considerar las cantidades no conservadas como si no fueran reales, e incluso fuera de este universo. La teoría del “big bang”, ampliamente aceptada, acerca del origen del universo, hizo surgir la idea de que éste es un universo totalmente material, y de que todo está hecho de materia (o más correctamente, de masa-energía). Como las cantidades conservadas, la masa y la energía, encajan en la descripción de cantidades verdaderamente físicas, pero la entropía y la exergía no encajan, ya que la entropía se puede crear, y la exergía se puede destruir. Así, la entropía y la exergía no son verdaderamente cantidades físicas, aunque están estrechamente relacionadas con las cantidades físicas de masa y energía. Por lo tanto, la segunda ley trata de cantidades que pertenecen a una clase diferente de existencia —un universo en el que las cosas comienzan a existir a partir de nada, y salen de la existencia a la nada—, y abre un universo que está más allá del universo conservado, totalmente material, que conocemos.
Un argumento similar se puede dar para las leyes de la naturaleza que gobiernan la materia. No hay duda de que tanto la primera ley de la termodiná- mica como la segunda existen, y éstas y otras leyes como las leyes de Newton sobre el movimiento gobiernan el universo físico tras bambalinas. Como lo expresa Alfred Montapert, “Las leyes de la naturaleza son el gobierno invisible de la Tierra”. Albert Einstein expresa este fenómeno así: “Hay un espíritu manifiesto en las leyes del universo”. Con todo, estas leyes que constituyen el núcleo de las ciencias, no se pueden percibir con nuestros cinco sentidos, y no tienen existencia material, y por lo tanto, no están sujetas a las limitaciones del tiempo y el espacio. Como tales, las leyes que parecen haberse infundido en toda la materia como un espíritu gobiernan en todas partes, pero no están en ninguna parte. Parece que cantidades como entropía y exergía que comienzan a existir a partir de la nada y salen de la existencia a la nada junto con las leyes de la naturaleza como la primera ley y la segunda ley que gobiernan el universo del “big bang” con una mano invisible y poderosa, están señalando el camino para una definición ampliada de la existencia que esté más en línea con los fenómenos percibidos y observados.
Los argumentos presentados en esta sección son de naturaleza exploratoria, se espera que den pie a algunas interesantes discusiones e investigaciones que puedan conducir a un mejor entendimiento acerca del desempeño en diversos aspectos de la vida cotidiana. Con el tiempo la segunda ley podría emplearse para determinar cuantitativamente la manera más efectiva de mejorar la calidad de vida y el desempeño cotidiano, del mismo modo que se emplea en el presente para mejorar la realización de los sistemas técnicos.

viernes, 8 de julio de 2016

CATEQUESIS N. 1: «MISERICORDIOSOS COMO EL PADRE»



Por: Juan Vicente Chopin


1.   Enfoque
La misión es un acto de misericordia. Esto es así por una razón teológica, que no hemos sido nosotros los que amamos primero a Dios, sino que él nos amó y nos envió a su Hijo (cf. 1Jn 4,10). En todo acto misionero hay una prioridad de Dios respecto de los actos humanos. A eso se refiere el Papa Francisco cuando afirma que: «En cualquier forma de evangelización el primado es siempre de Dios» (Evangelii Gaudium, 12).
Ahora bien, nosotros hemos tenido acceso a ese amor misericordioso de Dios, en primer lugar, en el acto creador, pero sobre todo, en el acto redentor, en cuanto, «Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre» (Misericordiae Vultus, 1). Tenemos acceso a la misericordia del Padre en la caridad del Hijo. Como nos dice el Papa en su mensaje: «La manifestación más alta y consumada de la misericordia se encuentra en el Verbo encarnado» (Mensaje).
Por consiguiente, lo que nosotros vivimos en la actualidad y que sostiene nuestro testimonio en la historia es el amor misericordioso del Padre, revelado en Jesucristo. Se trata de un Dios cercano a todo el género humano, pero en particular de los pobres: él «se implica con ternura en la realidad humana del mismo modo que lo haría un padre y una madre con sus hijos» (Mensaje).
Finalmente, el Espíritu Santo continúa en la historia de la humanidad sosteniendo y haciendo presente en nosotros el amor del Padre, de tal suerte que las personas con quienes nos encontramos puedan también ver en nuestros actos ese amor con el cual hemos sido redimidos. A tal punto que si nosotros conocimos el amor de Dios por la «salida» de Dios en el Hijo, asimismo, la Iglesia sigue ese mismo dinamismo de salida y va al encuentro de los hombres ejerciendo «un diálogo respetuoso con todas las culturas y convicciones religiosas» (Mensaje).

2.   Escuchemos al Papa
Ahora meditemos dos textos del magisterio del Papa Francisco para profundizar nuestra misión en la historia:

De la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, n. 12:
Si bien esta misión nos reclama una entrega generosa, sería un error entenderla como una heroica tarea personal, ya que la obra es ante todo de Él, más allá de lo que podamos descubrir y entender. Jesús es «el primero y el más grande evangelizador»[Evangelii Nuntiandi, 7]. En cualquier forma de evangelización el primado es siempre de Dios, que quiso llamarnos a colaborar con Él e impulsarnos con la fuerza de su Espíritu. La verdadera novedad es la que Dios mismo misteriosamente quiere producir, la que Él inspira, la que Él provoca, la que Él orienta y acompaña de mil maneras. En toda la vida de la Iglesia debe manifestarse siempre que la iniciativa es de Dios, que «Él nos amó primero» (1 Jn 4,19) y que «es Dios quien hace crecer» (1 Co 3,7). Esta convicción nos permite conservar la alegría en medio de una tarea tan exigente y desafiante que toma nuestra vida por entero. Nos pide todo, pero al mismo tiempo nos ofrece todo.

Del Mensaje del Domund 2016:
La misericordia hace que el corazón del Padre sienta una profunda alegría cada vez que encuentra a una criatura humana; desde el principio, él se dirige también con amor a las más frágiles, porque su grandeza y su poder se ponen de manifiesto precisamente en su capacidad de identificarse con los pequeños, los descartados, los oprimidos (cf. Dt 4,31; Sal 86,15; 103,8; 111,4). Él es el Dios bondadoso, atento, fiel; se acerca a quien pasa necesidad para estar cerca de todos, especialmente de los pobres; se implica con ternura en la realidad humana del mismo modo que lo haría un padre y una madre con sus hijos (cf. Jr 31,20). El término usado por la Biblia para referirse a la misericordia remite al seno materno: es decir, al amor de una madre a sus hijos, esos hijos que siempre amará, en cualquier circunstancia y pase lo que pase, porque son el fruto de su vientre. Este es también un aspecto esencial del amor que Dios tiene a todos sus hijos, especialmente a los miembros del pueblo que ha engendrado y que quiere criar y educar: en sus entrañas, se conmueve y se estremece de compasión ante su fragilidad e infidelidad (cf. Os 11,8). Y, sin embargo, él es misericordioso con todos, ama a todos los pueblos y es cariñoso con todas las criaturas (cf. Sal 144.8-9).

3.   La misión compartida
El Papa Francisco ha querido que el Domund sea contextualizado en el Jubileo de la misericordia, cuyo lema principal es Misericordiosos como el Padre, en el modo como lo entiende el evangelista Lucas: «Sed misericordiosos, como el Padre vuestro es misericordioso» (Lc 6,36).
De tal manera que si el punto de partida de la misión puede ser visto a partir de un imperativo, así también  y con el mismo grado de importancia, la misión tiene sentido solo si se realiza bajo el imperativo de la misericordia.
La perspectiva jubilar en que enmarca el Papa la celebración del Domund de este año puede resumirse con sus palabras:
«Derrumbadas las murallas que por mucho tiempo habían recluido la Iglesia en una ciudadela privilegiada, había llegado el tiempo de anunciar el Evangelio de un modo nuevo. Una nueva etapa en la evangelización de siempre. Un nuevo compromiso para todos los cristianos de testimoniar con mayor entusiasmo y convicción la propia fe. La Iglesia sentía la responsabilidad de ser en el mundo signo vivo del amor del Padre» (Misericordiae Vultus, 4).

Pautas para el diálogo:

a)    Si la misericordia de Dios es el punto de partida de la misión: ¿qué aspectos de nuestra  vida personal y social hacen que relativicemos este principio constitutivo de la misión?
b)    El Mensaje del Papa dice de Dios que «Él es el Dios bondadoso, atento, fiel; se acerca a quien pasa necesidad para estar cerca de todos, especialmente de los pobres». ¿Qué puesto tienen los pobres en el proceso evangelizador de nuestra comunidad? ¿Son los protagonistas o son solo meros destinatarios?
c)  ¿Qué propósitos y qué acciones hay que tomar para que la misericordia sea efectivamente aquello que sostenga la actividad misionera de la Iglesia?

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