viernes, 9 de agosto de 2024

Inteligencia emocional. Todo va a estar bien (Reseña)




(RESEÑA)

Autor: Nelson López.

Título: Inteligencia emocional. Todo va a estar bien.

Editorial: Universidad Don Bosco.

Año: 2024.

 

Nelson López (San Salvador, 1977) es doctor en traductología por la Universidad Binghamton de Nueva York. Actualmente es docente, investigador y editor de la Universidad Don Bosco de El Salvador.

La tesis central de su libro es que la vida no es una construcción perfecta, en el sentido de terminada, sino una realidad abierta a una serie de posibilidades. Esto, en el ejercicio existencial, y por la misma razón, incluye la posibilidad de equivocarse, pero incluso el error es presentado con connotaciones pedagógicas. La tesis es desarrollada en modo transversal a partir de una dimensión especular de la vida: «Todo esto viene del autodescubrimiento, entre vos y el espejo» (p. 19); la imagen es distinta de la realidad histórica, en este sentido «nadie es real» (p. 36). Estamos saturados de apariencia.

La obra consta de la introducción, el prefacio y diecinueve apartados. Los apartados son: 1. El niño feo; 2. Autodescubrimiento; 3. Como quisiera; 4. La vida es una $* @&/; 5. Gallina que come huevos, aunque le quemen el pico; 6. La verdad os hará libres; 7. Toy tiste. Hable bien, sea hombre; 8. Te amo. Me amo; 9. Conectate con VOS mismo; 10. La prevención y el poder del NO; 11. Culpabilidad; 12. ¿Cuál es tu legado?; 13. Se atrapan más moscas con miel; 14. El arte del valeverguismo; 15. Amate y cuidá tu salud emocional; 16. Aprender un idioma y perder peso para dummies; 17. Aceptar quien sos; 18. La costumbre; 19. ¿Y ahora qué?

De los títulos de cada apartado se puede deducir que el libro está escrito en segunda persona, haciendo recurso del «voseo», renunciando al «tú» y al «usted», lo cual hace del libro un texto ameno y una lectura fluida. Dado que el autor recurre en diversos momentos a ejemplos de su propia vida, da la impresión en algunos pasajes de tratarse de un libro autobiográfico, pero, en realidad, los ejemplos buscan más ilustrar al lector.

Aunque la temática (Inteligencia emocional) pueda tener digresiones morales o éticas, el texto no profundiza en ellas; sin embargo, hay un propósito claro en el autor por superar los prejuicios que determinan el modo de pensar de las personas.

El texto puede ser utilizado para realizar talleres de autoayuda y para alzar la estima, en modo particular entre los jóvenes, agobiados por los recursos y los lugares comunes de la era digital. El modo cómo está diseñado y diagramado el texto, recurriendo a múltiples imágenes y a formas populares de expresión, hace más agradable su lectura.   

jueves, 18 de enero de 2024

Inteligencia Artificial y paz


Por: Juan V. Chopin 

El mensaje del Papa Francisco con ocasión de celebrarse la 57 jornada por la paz retoma el tema de la IA y la refiere al tema de la paz. Este mensaje está desarrollado en ocho puntos: el primero presenta la tesis y el planteamiento general del problema; el segundo describe promesas y riesgos; el tercero alude a las machine learning; el cuarto advierte de los límite en el paradigma tecnocrático; el quinto presenta el problema ético en el desarrollo de la IA; el sexto aborda el uso de la tecnología para la guerra; el séptimo habla de la IA en el ámbito educativo; el ocho presenta los desafíos para el desarrollo del derecho internacional. 

1. Tesis y planteamiento general del problema. La valoración inicial del Papa acerca de la IA es positiva: «el progreso de la ciencia y de la técnica, en la medida en que contribuye a un mejor orden de la sociedad humana y a acrecentar la libertad y la comunión fraterna, lleva al perfeccionamiento del hombre y a la transformación del mundo». En Laudato Si’, ya había aclarado: «nadie pretende volver a la época de las cavernas» (LS, n. 114). Las cuestiones que le preocupan al Papa son las siguientes: «¿Cuáles serán las consecuencias, a medio y a largo plazo, de las nuevas tecnologías digitales? ¿Y qué impacto tendrán sobre la vida de los individuos y de la sociedad, sobre la estabilidad internacional y sobre la paz?» 

2. Promesas y riesgos. El primer riesgo identificado es la determinación de la libertad y la capacidad de elección, en cuanto que «las tecnologías que usan un gran número de algoritmos pueden extraer, de los rastros digitales dejados en internet, datos que permiten controlar los hábitos mentales y relacionales de las personas con fines comerciales o políticos, frecuentemente sin que ellos lo sepan, limitándoles el ejercicio consciente de la libertad de elección». Esto lleva a pensar, por una parte, que «la investigación científica y las innovaciones tecnológicas no están desencarnadas de la realidad ni son “neutrales”, y por otra parte, «tienen siempre una dimensión ética, estrictamente ligada a las decisiones de quien proyecta la experimentación y enfoca la producción hacia objetivos particulares». El pontífice nos recuerda que, si bien se habla al plural de «formas de inteligencia», sin embargo, son todas derivaciones de la única inteligencia humana: «estos son, a fin de cuentas, “fragmentarios”, en el sentido de que sólo pueden imitar o reproducir algunas funciones de la inteligencia humana». Por tanto, advierte el Papa, sería ingenuo «presumir a priori que su desarrollo aporte una contribución benéfica al futuro de la humanidad y a la paz entre los pueblos».  Por ello propone, desde el punto de vista de la ética, «instituir organismos encargados de examinar las cuestiones éticas emergentes y de tutelar los derechos de los que utilizan formas de inteligencia artificial o reciben su influencia». Se requiere, en suma, «una adecuada formación en la responsabilidad». Se trata, entonces, «de orientar la búsqueda técnico-científica hacia la consecución de la paz y del bien común, al servicio del desarrollo integral del hombre y de la comunidad», como criterio básico de actuación.

3. Las máquinas que aprenden solas (machine learning). En este punto, aunque el Papa no lo mencione, se accede al inicio de la cuarta revolución industrial: «desarrollos como el machine learning o como el aprendizaje profundo (deep learning) plantean cuestiones que trascienden los ámbitos de la tecnología y de la ingeniería y tienen que ver con una comprensión estrictamente conectada con el significado de la vida humana, los procesos básicos del conocimiento y la capacidad de la mente de alcanzar la verdad». El riesgo en este punto es la utilización negativa que se puede hacer de los datos para determinar el ánimo de las personas: «la discriminación, la interferencia en los procesos electorales, la implantación de una sociedad que vigila y controla a las personas, la exclusión digital y la intensificación de un individualismo cada vez más desvinculado de la colectividad. Todos estos factores corren el riesgo de alimentar los conflictos y de obstaculizar la paz».

4. El paradigma tecnocrático. El Papa está convencido de que «la mente humana nunca podrá agotar su riqueza, ni siquiera con la ayuda de los algoritmos más avanzados», y de que «por más prodigiosa que pueda ser nuestra capacidad de cálculo, habrá siempre un residuo inaccesible que escapa a cualquier intento de cuantificación». El peligro latente en cada operación de la IA es el sistema tecnocrático, «que alía la economía con la tecnología y privilegia el criterio de la eficiencia, tendiendo a ignorar todo aquello que no está vinculado con sus intereses inmediatos». El ser humano, «animado por una prometeica presunción de autosuficiencia» y «pensando en sobrepasar todo límite gracias a la técnica, corre el riesgo, en la obsesión de querer controlarlo todo, de perder el control de sí mismo, y en la búsqueda de una libertad absoluta, de caer en la espiral de una dictadura tecnológica».

5. El problema ético en el desarrollo de la IA. El primer problema identificado son las «formas de prejuicio y discriminación» a partir de los datos analizados. En segundo lugar, considerando que «con frecuencia las formas de inteligencia artificial parecen capaces de influenciar las decisiones de los individuos por medio de opciones predeterminadas asociadas a estímulos y persuasiones, o mediante sistemas de regulación de las elecciones personales basados en la organización de la información», ello supone una constante supervisión de quien las produce y de las instituciones que las usan. En tercer lugar, la clasificación de categorías de personas a partir de los datos puede crear conflictos en la vida real; por ello, «el respeto fundamental por la dignidad humana postula rechazar que la singularidad de la persona sea identificada con un conjunto de datos». Finalmente, el Papa alude al ámbito laboral: «en este contexto, no podemos dejar de considerar el impacto de las nuevas tecnologías en el ámbito laboral. Trabajos que en un tiempo eran competencia exclusiva de la mano de obra humana son rápidamente absorbidos por las aplicaciones industriales de la inteligencia artificial.

6. Uso de la tecnología para la guerra. Este punto lo presenta el Papa en modo de pregunta y recurriendo a la alegoría: «¿Transformaremos las espadas en arados?». De hecho, el arado es tecnología y la espada es tecnología aplicada a la guerra. El símil es bíblico, aparece en Isaías 2,4: «Forjarán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en podaderas. No alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra». Se trata, pues, de un ejemplo de aplicación de la IA a la guerra: «La búsqueda de las tecnologías emergentes en el sector de los denominados “sistemas de armas autónomos letales”, incluido el uso bélico de la inteligencia artificial, es un gran motivo de preocupación ética». «Es imperioso -dice el Papa- garantizar una supervisión humana adecuada, significativa y coherente de los sistemas de armas». Por ello, «lo último que el mundo necesita es que las nuevas tecnologías contribuyan al injusto desarrollo del mercado y del comercio de las armas, promoviendo la locura de la guerra».

7. La IA en el ámbito educativo. La observación del Papa en este aspecto es muy precisa: «La educación en el uso de formas de inteligencia artificial debería centrarse sobre todo en promover el pensamiento crítico». De este modo, «las escuelas, las universidades y las sociedades científicas están llamadas a ayudar a los estudiantes y a los profesionales a hacer propios los aspectos sociales y éticos del desarrollo y el uso de la tecnología».

8. La IA y el derecho internacional. En el punto seis el Papa propone el diálogo como camino para una recta aplicación de la IA. En términos operativos considera que «el alcance global de la inteligencia artificial hace evidente que, junto a la responsabilidad de los estados soberanos de disciplinar internamente su uso, las organizaciones internacionales pueden desempeñar un rol decisivo en la consecución de acuerdos multilaterales y en la coordinación de su aplicación y actuación». Su propuesta va en la línea de «un tratado internacional vinculante, que regule el desarrollo y el uso de la inteligencia artificial en sus múltiples formas». En su propuesta, «es indispensable identificar los valores humanos que deberían estar en la base del compromiso de las sociedades para formular, adoptar y aplicar los marcos legislativos necesarios».


Algorética: Valoración final

El Papa considera que es el diálogo el camino equilibrado para no hacer de la tecnología una tiranía digital: «Una mirada humana y el deseo de un futuro mejor para nuestro mundo llevan a la necesidad de un diálogo interdisciplinar destinado a un desarrollo ético de los algoritmos».

A dicho proceso lo llama: «algorética», una expresión que une los términos «algoritmo» y «ética»; en ella se trata de «que los valores orienten los itinerarios de las nuevas tecnologías». En sentido intregral considera que «las cuestiones éticas deberían ser tenidas en cuenta desde el inicio de la investigación, así como en las fases de experimentación, planificación, distribución y comercialización. Este es el enfoque de la ética de la planificación, en el que las instituciones educativas y los responsables del proceso decisional tienen un rol esencial que desempeñar».

En términos de regulación jurídica propone «un tratado internacional vinculante, que regule el desarrollo y el uso de la inteligencia artificial en sus múltiples formas».

 

 

martes, 16 de enero de 2024

La autocracia electoral como parásito político

 

 Por: Juan V. Chopin

Se denomina «autócrata» a una persona que ejerce por sí sola la autoridad suprema de un Estado. Su régimen político es la «autocracia», que es la forma de gobierno en la cual la voluntad de una sola persona es la suprema ley. Por ello, al autócrata se le confunde con el dictador, el tirano, el déspota y el sátrapa.

La autocracia es un «parásito político» (sit venia verbo) en tanto utiliza el sistema democrático para instalarse en el poder, pero una vez que está dentro del sistema, lo debilita y no decide matarlo de inmediato, porque le ayuda a mantenerse con vida.

Una autocracia se dice «electoral» cuando simula a un sistema democrático basado en elecciones populares. Así, las elecciones celebradas dentro de la autocracia electoral destacan por el control. Es decir, existe una sensación de democracia en cuanto a que los ciudadanos pueden votar y elegir a sus representantes, pero en realidad se vigila y presiona o bien a los candidatos o bien a los electores (Pascual: 2022). 

El autócrata electoral apela, como argumento esencial, al respaldo popular para justificar la concentración de los poderes en un solo individuo y en el grupo que lo apoya.

Los rasgos emblemáticos de esa forma de gobierno incluyen la anulación de los controles democráticos, la degradación de la deliberación pública, la sustitución del libre acceso a la información por la propaganda política emitida por el régimen, el ataque a los medios de comunicación y a las organizaciones de la sociedad civil, el abuso de las facultades en demérito de los derechos de las minorías, la confrontación directa con el poder Judicial independiente y la sumisión política del poder Legislativo (Merino: 2023).

En el proceso de acumulación del poder, el autócrata se verá obligado a cambiar el texto de la Constitución o, al menos, a no tomarlo en cuenta, acusando su texto de ser expresión de un «pacto de corruptos».

Pero el autócrata necesita el apoyo popular (es su fuerza vital). Por ello, no se atreve a anular las elecciones, aunque preferiría mantenerse en el poder sin recurrir a ellas. El brigadier Maximiliano Hernández Martínez en su segunda y tercera reelección sí las anuló.

Esos gobiernos no se instalan a través de asonadas militares, a la manera clásica de las dictaduras, pero promueven la polarización política y utilizan toda la maquinaria del Estado para afirmarse en el mando (Merino: 2023). 

El autócrata es un experto en licuar la memoria y la historia. Así lo considera el Papa Francisco: «un modo eficaz de licuar la conciencia histórica, el pensamiento crítico, la lucha por la justicia y los caminos de integración es vaciar de sentido o manipular las grandes palabras. ¿Qué significan hoy algunas expresiones como democracia, libertad, justicia, unidad? Han sido manoseadas y desfiguradas para utilizarlas como instrumento de dominación, como títulos vacíos de contenido que pueden servir para justificar cualquier acción» (Francisco: Laudato Si’, n. 14).

Así, para los regímenes autocráticos, las instituciones solo existen en función de las personas que las encabezan, quienes deben obedecer siempre las instrucciones del Ejecutivo. De aquí que cualquier posición contraria a las decisiones tomadas por la “oligarquía política” sea vista como una traición y como prueba de que sus titulares son enemigos del gobierno. Esas instituciones no son apreciadas por sus méritos ni por su apego a la Constitución sino por su obediencia: no hay órganos autónomos sino consejeros o comisionados; no hay poder Judicial sino jueces y ministros; no hay gobiernos estatales sino gobernadores; no hay poder Legislativo sino legisladores. Todos los cargos son vistos desde los nombres propios y las lealtades políticas de quienes los ocupan (Merino: 2023).

Garantizar la vigencia de las normas constitucionales, organizar elecciones apegadas a la ley, abrir la información pública y evitar reformas constitucionales caprichosas son anhelos que se pierden, enrarecidos, en los pocos focos de resistencia que quedan: en algunos medios de comunicación social, en las redes y las organizaciones sociales, en la débil oposición y el casi nulo disenso. Así, la autocracia está a las puertas.

Si para el autócrata el presupuesto histórico y la memoria que lo sostiene son una farsa, entonces lo que sucederá mañana, es decir, en el futuro, es, desde ya, también una farsa. Pero eso no le preocupa, ya que su concepción del tiempo se apega a la era digital, que lo entiende como un presente sin historia.

 

martes, 3 de octubre de 2023

El suicidio como caso límite y como síntoma

 

Por: Juan V. Chopin

La mañana del lunes, 2 de octubre de 2023, supimos por las noticias que un joven estudiante universitario se había quitado la vida, colgándose de una pasarela peatonal en San Salvador. 

Escuché la noticia en uno de los pocos noticieros alternativos que quedan en este país. La noticia me llamó inmediatamente la atención porque tres días antes supe del suicidio de otro joven, miembro de una familia que conozco y porque, además, otro amigo cercano, hace unos dos años, también había vivido el suicidio de su hijo.

El suicidio es uno de esos temas tabú, que suceden con mucha frecuencia, pero no son tratados adecuadamente en lo que respecta su prevención y su estudio. Está tan prejuiciado este tema, que quienes dieron la noticia inicialmente sostenían que se trataba de un indigente. Nadie sabe cómo y por qué decían eso. Las noticias muy pocas veces reportar el suicidio de un indigente. Ellos casi siempre mueren por una de las causales de su indigencia. La sociedad no asume racionalmente este problema.

La muerte del suicida no es casual, sino causal. Con mucha frecuencia el suicida deja mensajes escritos, donde expone los motivos de su decisión. En el caso que estamos considerando el cuerpo mismo del suicida es el mensaje. Esta persona quiso hacerlo público y en un lugar simbólico. Lo hizo en una zona donde hay varios centros educativos, incluso el campus central de la universidad más grande de El Salvador, de la cual, por cierto, él era estudiante de periodismo. El mensaje nos cuestiona a todos acerca de la pertinencia e integralidad de nuestro sistema educativo, familiar e institucional. Hay muchos más suicidios que no salen a la luz pública, por razones de la ética periodística o porque sus familiares evitan el hecho noticioso.

Por mencionar un ejemplo, es sabido que entre los miembros de la Policía Nacional Civil de este país hay un alto índice de suicidios por año, en proporción al número de sus miembros. Si lográramos tener una estadística completa de los suicidios en el año, probablemente quedaríamos sorprendidos y le pondríamos mucha más atención a este tema.

Y es que el suicidio nunca es una acto individual, aunque así lo parezca; expresa siempre el estado anímico de una colectividad, de una familia, etc. Y su impacto también es colectivo. En este sentido, la imagen gráfica del suicida es la materialización del estado de ánimo de muchos miembros de esa sociedad. El suicidio es una forma impotente de protesta respecto de algo o la fase final de un estado depresivo severo y sus causas son variadas. Hay suicidios que son puntuales, como el caso de este y muchos jóvenes, y hay otros que son suicidios «prolongados en el tiempo», como es el caso de una adicción crónica terminal.

Existencialmente, el suicidio es el límite de la existencia histórica (económica, emocional, familiar, etc.) y la posibilidad psicológica de desligarse de todo ello. La muerte aquí se entiende como liberación y olvido eterno. La muerte no es vista como un límite, sino como horizonte infinito donde las rémoras de este mundo, y de todas sus preocupaciones, quedan atrás. En este sentido, el suicidio no solo es un problema en sí mismo, sino un claro síntoma del estado decadente de una sociedad. Es muy común entre jóvenes y adolescentes, produciéndose no solo en países pobres, sino también en países con economías desarrolladas.

Para las personas familiarizadas con argumentos filosóficos y teológicos pueden notar con cierta facilidad que en el fenómeno del suicidio se juntan en modo extremo el «Eros» (el amor apasionado) y «thánatos» (la muerte).

Es imperioso superar los prejuicios que tenemos en torno al suicidio. En el Evangelio de Lusas se narra que a Jesús le presentaron el caso de unos galileos que habían sido asesinados por Pilato en modo injurioso, dando a entender que se lo merecían. A Jesús esa actitud le molestó y les respondió diciendo: «¿Piensan que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas?» Y les habló de otro caso fatal: «O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿piensan que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, se los aseguro; y si no se convierten, todos perecerán del mismo modo» (Lc 13,1-5).

Es decir, nos interesa a todos superar o al menos controlar este problema, pues está poniendo en evidencia otros aspectos de la vida personal y social que no están siendo afrontados con responsabilidad y en modo pertinente.

Sin duda, el caso de Judas, quien dice la Biblia que se suicidó (en sus dos versiones: por ahorcamiento Mt 27,5; lanzándose en un precipicio Hch 1,18), determinó por mucho tiempo la actitud de la autoridad eclesiástica respecto de las exequias por quienes se suicidaban. Actualmente, se tiene más comprensión en estos casos, sin embargo, todavía hay muchos prejuicios, dependiendo de la persona de que se trate y del contexto en que se dé el suicidio.

Si  en algún modo nos declaramos cristianos, no podemos pasar por alto las palabras de Jesús: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10). Prevenir el suicidio debe ser una constante preocupación en nosotros.

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